El sucísimo juego de la Pérfida Albión
Tengámoslo claro: Dígalo la OTAN o el Tratado de Maastricht, el Reino Unido no es una potencia aliada de España. Difícilmente pueden considerarse aliadas potencias con historias tan enfrentadas y con problemas territoriales vigentes. Sólo si partimos de la base de que el Reino Unido es un Estado como mínimo adverso a gran parte de los intereses políticos y económicos de nuestro país podremos entender adecuadamente lo que está sucediendo en los últimos tiempos a propósito de Gibraltar. 
A nivel histórico, desde luego, las causas del enfrentamiento se centraban en la pujanza de la forzada talasocracia castellana (Castilla venía siendo una potencia terrestre que se encontró de pronto con un imperio en ultramar) con la emergente y natural (no hay punto del Reino Unido alejado más de 100 millas de la costa) talasocracia inglesa. A partir de ahí y con ambas potencias navales expandiéndose hacia el Oeste, era imposible evitar un conflicto de siglos que sin embargo sí se pudo evitar con una Portugal esencialmente porque la expansión naval portuguesa se encaminó hacia el sur.
En este sentido, es curioso ver como la potencia terrestre se dedicó a expandir su territorio, su civilización y su sistema de valores realizando una conquista efectiva mientras que las potencias navales se dedicaron esencialmente a plantar la bandera en la costa y alejar -en el mejor de los casos- o esclavizar/exterminar en el peor a todo nativo que tuviera la desgracia de vivir en los alrededores. Pero me desvío del tema, aunque la influencia del territorio en los valores de una Nación sea algo interesante y relacionado en cierta forma con el asunto que me ocupa hoy.
La rivalidad actualmente existente entre el Reino Unido y España tiene otra causa geopolítica de base: España controla el Estrecho de Gibraltar... y el Reino Unido es una potencia naval y en tanto que tal se opone al control de ambos lados de cualquier estrecho por la misma potencia.
El apoyo del Reino Unido a la causa gibraltareña -una causa muy talasocrática, en tanto que se reduce a la aspiración de los llanitos a vivir de lo que esencialmente es piratería económica cuando no de pura y simple delincuencia- se justifica así en gran medida en la evitación de que España controle la vía que comunica el Mediterráneo con el Atlántico.
No obstante, este tipo de rivalidades se han superado en gran medida gracias a la Union Europea cuyo eje central está formado, ni mas ni menos, que por una potencia defensiva como Francia en plena comunidad de intereses con su tradicional enemigo del Este, la expansionista Alemania. Este eje franco-alemán es la demostración de que las rivalidades geopolíticas europeas pueden superarse y se superan en gran medida dentro del marco de la UE. Dígase lo que se diga de la Europa de los Mercaderes, ese éxito si se ha logrado.
Así que vale la pena buscar causas que vayan más allá del control del Estrecho de Gibraltar, en cuya actual situación no hay cambio a la vista ni razón alguna que justifique la actitud británica y buscar causas más entendibles, quizá dentro de lo que es la política comunitaria.
La rivalidad entre España y el Reino Unido se trasladó al escenario dela CEE desde mucho antes de la adhesión de España a la misma. Lasrazones han venido siendo muy simples:
1) Una CEE/UE dispuesta siempre a favorecer el autoabastecimiento deproductos agrícolas estratégicos mediante las ayudas de la PolíticaAgraria Común... en la que el Reino Unido -que a diferencia de Franciao Alemania carece de grandes extensiones de cultivos- siempre ha sidoun pagador absolutamente desproporcionado respecto de lo que recibía acambio, mientras que España ha venido siendo un receptor neto deayudas.
2) La progresiva división de la UE entre los fieles aliados de losEstados Unidos -encabezados por el Reino Unido- y los partidarios de una política exterior europea autónoma, encabezados por Francia y Alemania. A este último grupo ha vuelto España una vez terminado elabsurdo paréntesis de un José María Aznar que sustituyó los principios de la geopolítica por su relación personal con Bush y Blair con el resultado de quedar enmarcado para siempre como uno de tantos aventureros de nuestra historia política.
Sirva todo lo anterior como brevisima introducción al terreno de juego en el que nos movemos ahora mismo, que es el siguiente:
En estos momentos se está rifando la posibilidad de que uno o varios de los PIGS (cerdo en inglés, acrónimo de Portugal, Italia, Grecia, España) sea expulsado de la zona euro. La mayoría de las papeletas las tiene Grecia. Pero a los británicos les conviene muchísimo más que sea España.
En puridad, se trata de economías que jamás deberían haber sido admitidas en la moneda única: Grecia e Italia directamente falsearon los datos para simular que cumplían los criterios. España no tuvo que recurrir a maquillaje alguno pero la situación en la que se logró el cumplimiento de los criterios de convergencia fijados por Maastricht era absolutamente artificial:
a) Se logró la estabilidad monetaria, éxito que es justo reconocer a Rato y a Montoro quienes sí que corrigieron el horrible desastre heredado de Solchaga, Almunia y Solbes.
b) Los tipos de interés a largo plazo cumplieron los criterios... mediante la prea y simple inyección masiva de capital exterior dedicado esencialmente a la construcción.
c) El control de la inflación se logró mediante la perversidad de la contención salarial bien a cara descubierta, bien mediante el mecanismo de vincular salarios a IPC y manipular a posteriori el IPC para que cuadrara, esencialmente mediante la introducción o la salida arbitrarias de productos y servicios de dicho índice. De esa forma se logró una pérdida de poder adquisitivo real que, naturalmente, hizo bajar la inflación.
d) En cuanto al criterio de deuda pública y déficit, se logró cumplir en gran medida por la vía del aumento en la recaudación tributaria de las empresas dependientes directa o indirectamente de la construcción... empresas financiadas vía crédito (ahí surgió la imbécil moda de no financiarse con recursos propios) con miles de millones de euros que nuestras entidades bancarias pedían prestado al exterior. Así empezó, a partir de 1998 y muy especialmente a partir del año 2000, a fraguarse la espectacular burbuja inmobiliaria que amenaza con llevarse por delante nuestro sistema financiero.
El caso es que -lo hemos comentado sobradamente- la situación del Estado español es, desde el punto de vista financiero, muy comprometida hasta el punto de que podría, en nuestra opinión, estar bordeando la bancarrota. Datos para pensarlo no faltan y no nos olvidamos de que California lleva imprimiendo su propio dinero desde el mes de Julio.
Si España sale del euro Francia y Alemania tendrían serios problemas para recuperar los capitales masivamente invertidos en nuestro país y ello redundaría en un debilitamiento de sus posiciones en estos momentos francamente mayoritarias en la Unión Europea. El principal beneficiado de este debilitamiento sería, sin ningún género de dudas, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, paladín del euroescepticismo, campeón del atlantismo y mantenedor de su libra esterlina fuera del euro lo cual le está permitiendo hacer los ajustes necesarios para salir de la crisis en el pelotón de cabeza.
Los beneficios inmediatos que el Reino Unido obtendría con la salida de España del euro son incontables y no los obtendría ni con la salida de Grecia -franceses y alemanes han invertido mínimamente en la poco creíble economía griega- ni con Portugal -es demasiado pequeño y además es un firme aliado atlantista del Reino Unido. En cuanto a Italia, se considera too big to fall y además Silvio Berlusconi está -por curioso que pueda parecer- imprimiendo seriedad y credibilidad al país a pasos acelerados.
Justo lo contrario que una España que está optando por hacer exactamente lo contrario de lo que se le recomienda desde dentro y desde fuera: Ni flexibilidad laboral, ni bajadas de impuestos ni -de momento- purga de entidades financieras. Por supuesto, al control del gasto público ni está ni se le espera y el Estado sigue financiándose mediante las emisiones extraordinarias -léase desesperadas- de una deuda pública ya calificada a la baja en enero y que podría sufrir una nueva rebaja a principios de 2010.
Por lo demás, Tiburón Trichet amenaza con una subida de tipos de interés en la zona euro que sería muy negativa tanto a nivel micro como a nivel macroeconómico para nuestro país y que podría llegar a ser demoledora si se convirtiera -comoparece- en tendencia.
España, por lo tanto, afronta una situación muy complicada y tiene abundantes papeletas para convertirse en el espejo europeo de la Argentina del corralito, porque como ya hemos señalado, un escenario de salida del euro equivale a una situación de devaluación+corralito calcada de la argentina. Prácticamente podemos decir que Elena Salgado se pasea de aquí para allá portando una bandeja con un castillo de naipes que puede derrumbarse al menor soplo de viento.
Y el Reino Unido está apostando muy fuerte contra España con la esperanza de provocar, de un modo o de otro, ese soplo de viento que desemboque en nuestra salida del euro. La actual minicrisis gibraltareña, muy probablemente en concurso con el abiertamente hostil Reino de Marruecos, que no por casualidad ha elegido este momento para recordarle al mundo la vergüenza saharahui que arrastra España y su debilidad diplomática, no es sino el intento de Gran Bretaña de intentar desprestigiar al país ese poquito que le falta para que nuestra deuda pública vuelva a ver rebajada su calificación de solvencia en enero y de situarnos un pasito más cerca de la bancarrota. Un pasito más cerca de la salida del euro.
Pensemos en los Estados Unidos. El mantenimiento del dólar como moneda de reserva internacional se debe esencialmente a que el inversor percibe -muy razonablemente- que el mejor respaldo a una moneda fiduciaria lo puede dar el ejército más poderoso del mundo. Es gracias a eso que sucesivas administraciones USA han logrado retrasar la inevitable devaluación del dólar que muy posiblemente le tocará hacer a Obama.
Perdida la peseta, lo más parecido que tiene España a una moneda fiduciaria son, precisamente, es, precisamente, su deuda pública. Deuda que ya estamos teniendo enormes dificultades en colocar y que se está vendiendo esencialmente a nuestras entidades financieras públicas (Cajas de Ahorro) y a la Tesorería General de la Seguridad Social. Pisoteando el prestigio de España se está pisoteando la confianza en la deuda pública del Estado Español, complicando la solvencia del mismo, acercándonos un poquito más a la salida del euro... y poniendo en riesgo las inversiones de nuestros acreedores francoalemanes.
Un juego sucísimo, digno desde luego de la Pérfida Albión.












