Mi?rcoles, 11 de noviembre de 2009

El sufrido tobillo de los clubes de f?tbol

El hecho de que la Selección Nacional de Portugal esté decidida a convocar y a hacer jugar a Cristiano Ronaldo pese a su lesión de tobillo ocupa gran parte de las portadas de la prensa deportiva del país. No es para menos, ya que la situación por la que hoy atraviesa el Real Madrid es sintomática del permanente conflicto de intereses existente entre el fútbol profesional y las Federaciones oficiales. 

Intereses que dan lugar cíclicamente a situaciones bochornosas -pienso ahora mismo en la salida  al campo como carrilero de Molina, el portero del Atlético de Madrid en un insustancial amistoso España/Noruega en 1996, con el club del Manzanares jugándose el doblete en la Liga- como no puede ser de otra forma al ser totalmente contrapuestos, sobre todo en los escalafones superiores del Deporte Rey.
Efectivamente, mientras se trata de amateurismo sin que nadie se esté realmente jugando dinero, todo es muy fácil y muy bonito. Cualquier grupo de amigos puede formar un club, pagar sus fichas y jugar su partidillo los domingos en competición federada. No fueron pocos los partidos que, en mi época de Árbitro de Fútbol, tuve que suspender el Tercera Regional simple y sencillamente porque un equipo se presentaba con menos de siete jugadores: resaca, cansancio y madrugar un domingo o un sábado es muy duro.

Menos frecuente era el tener que suspender un partido de Cadetes, Infantiles o Juveniles. Jugando mejor o -más normalmente- peor, el entusiasmo de los chavales podía con todo. Suspender un partido por la imposibilidad de jugar en un terreno de juego convertido en una verdadera piscina debido a la mala combinación de fuertes lluvias y drenajes deficientes acarreaba discutir no ya con Delegados o Entrenadores (adultos que a fin de cuentas entendían que terminar con una pulmonía por empeñarse en jugar en un campo en el que simplemente el balón flotaba sobre el agua era impensable) sino con los Capitanes de los equipos, a veces niños de doce o trece años empeñados en jugar a toda costa. A más de un Capitán le tuve que pedir que chutara raso a puerta desde el centro de un campo inundado para viera con sus propios ojos como el agua detenía el esférico mucho antes de llegar a la línea de meta. 

Así las cosas, a nadie le puede sorprender que la selección de uno de estos chavales para representar a una Selección Regional o incluso Nacional de su categoría fuera un verdadero honor tanto para el chico como para su equipo. 

Pero todo esto cambia radicalmente cuando el seleccionado es un profesional al que un club de fútbol o Sociedad Anónima Deportiva le paga millones de euros de ficha anual... y se ve obligado a cederlo gratis total a la Selección de una Federación Nacional que no se hace en absoluto responsable de los problemas que esta convocatoria pueda generar en la salud y el rendimiento del futbolista y en los resultados de la entidad que le paga las facturas.

Obligada a ceder a su estrella so pena de durísimas sanciones de confederaciones internacionales como la FIFA o la UEFA que su propia Federación Nacional estará encantada de implementar porque, a fin de cuentas, los  beneficios de los torneos internacionales -y no digamos ya los de los bolos amistosos entre Federaciones- van directamente a las cuentas corrientes de estas entidades en las que los clubes -grandes, pequeños o de barrio, pero a fin de cuentas los que pagan el tinglado-  juegan un papel absolutamente secundario en relación a los actores que cobran del mismo: Entrenadores, futbolistas y Árbitros.

Teóricamente, nada impide a los clubes profesionales de fútbol, como entidades privadas que son, escindirse pura y simplemente de las Federaciones y asociarse libremente entre ellos al estilo de la NBA. Seleccionando ellos mismos a los Árbitros que les parezcan. Divorciándose definitivamente de las Selecciones, sus competiciones, sus amistosos y sus bolos. Eligiendo ellos mismos en cada Liga, en cada competición, con qué Reglamento quieren jugar. Negociando de tú a tú con las Federaciones los calendarios, competiciones y condiciones en las que ceden a sus jugadores. Lo hace la NBA. Lo hace la ACB. No estamos inventando nada.

Sólo hace falta que, catorce, dieciséis o veinte clubes europeos decidan reunirse y decir la palabra mágica: Superliga Europea al margen de la UEFA. Con su propio Reglamento. Sus propios Árbitros. Sus propios futbolistas. Sin compartir derechos de televisión con Federación alguna. Expidiendo la propia Superliga las fichas, de forma que ninguna Federación vuelva a decidir nunca más los requisitos para arbitrar, entrenar o jugar un partido entre profesionales. Y sin que ninguna Selección pueda jamás volver a exigir los servicios de un futbolista para jugar una competición oficial o unos bolos so pena de expulsar a club de competiciones federadas nacionales o internacionales.

Catorce, dieciséis, veinte clubes europeos de acuerdo... y se acabó la fiesta de las federaciones y confederaciones internacionales. Se acabó la fiesta de los amistosos absurdos que sólo sirven para el lucro vía derechos de retransmisión de unas Federaciones absolutamente prescindibles para jugar al fútbol. Se acabó la tiranía del Board de la FIFA en lo referente a las normas y se acabaron las neveras arbitrales y las permanentes sospechas sobre las actuaciones de tales o cuales colegiados. Se acabaron las  tantas veces arbitrarias o incomprensibles normas FIFA o UEFA sobre el tamaño y  el aforo de los estadios o sobre el comportamiento de los aficionados. Se acabó el ceder gratis total  al futbolista que me cuesta una pasta para que se lesione jugando un Portugal-Bosnia Herzegovina. Y se acabó el que un Árbitro indiscutido se tenga que jubilar porque sí a los 45 años.

Y sin embargo, inexplicablemente, esto no se hace. En mi opinión no es por falta de voluntad de los clubes. Sino por el puro y simple entramado de intereses creados en torno a las Federaciones Nacionales. Un entramado formidable en el que los Árbitros están encantados de autogobernarse, los Entrenadores encantados de autoacreditarse, los futbolistas encantados de que un club profesional les pague por jugar con sus Selecciones, los gestores de las Federaciones, de poner el cazo a la hora de cobrar unos derechos de retransmisión por partidos que logran jugar gracias a estrellas pagadas con dinero ajeno y los Estados, encantados de haberse conocido y de cobrar importantes impuestos sobre apuestas deportivas relativas a competiciones organizadas por Federaciones que, de un modo u otro, controlan.

Todo este conjunto de intereses es directamente contrario a los intereses de los clubes y posee, de momento, la potencia suficiente para salirse con la suya en todo... o para castigar severísimamente al disidente. Recordemos el Caso Bosman, en el que un modesto futbolista profesional belga obligó a la UEFA a cambiar varias de sus normas, declaradas contrarias a los Tratados de las Comunidades Europeas. Jean-Marc Bosman logró vencer en los tribunales y lograr el fin de las limitaciones a los jugadores comunitarios, para regocijo de los clubes... pero no logró volver a ser contratado por club profesional alguno. Nadie se atrevió.

Hay demasiadas presiones, demasiados intereses creados sobre el sufrido tobillo de los clubes de fútbol. Pero ese tobillo,  tarde o temprano, va a acabar partiéndose.  Lo voy advirtiendo.

Comentarios

Añadir un comentario

Autor: Feynman
Fecha: S?bado, 14 de noviembre de 2009
Hora: 8:33

Yo s?lo espero que al menos el tobillo no vista de blanco... Aunque a decir verdad veo m?s a Flopi liderando la superliga que al tritranquilo de Laporta.