Jueves, 15 de octubre de 2009

Cuando el Estado es un mendigo con andrajos de Armani

El Ayuntamiento de Palomares del Río fue a la quiebra hace ya unos meses. El de La Línea podría ser el próximo, habiendo pagado la nómina de sus funcionarios en Julio y Agosto con cargo al Plan E y la de septiembre aún no se ha abonado. En situación parecida se haya el Ayuntamiento de Benidorm y en una mucho peor, el de Huevar del Alfaraje.  Mientras, la Universidad de Oviedo anuncia que no tiene dinero para pagar las nóminas de diciembre y muchos juzgados de la Comunidad Valenciana se quedaron sin papel oficial por falta de presupuesto de la Consejería Autonómica correspondiente.

Son los primeros efectos de la insuficiencia fiscal que ya anunciamos aquí: El Estado no puede cubrir sus gastos regulares con los impuestos que recauda. Y las emisiones extraordinarias de deuda pública se colocan cada vez con más dificultad. Y alguien empieza a quedarse sin cobrar. Los proveedores los primeros. Y los funcionarios, acto seguido.
Son las consecuencias lógicas -ya las habíamos anunciado- de haber vinculado la estabilidad financiera del Estado a la de un sistema financiero quebrado de facto en su mayor parte y controlado en un 60% por entidades politizadas -léase corruptas- como son las Cajas de Ahorro. La situación no da más de sí y la caja del Estado está cada vez más vacía. Los tambores llevan sonando mucho tiempo y la situación es cada vez peor. No hay que descartar absolutamente ninguna medida a estas alturas.

EL Estado vive hoy en la pura ficción financiera que desde Bruselas se considera de alto riesgo. Ficción de poder contar para el año que viene con 45.000 millones de euros de cobro más que dudoso. Ficción de poder mantener una deuda pública igual al 62,5% del PIB del país  y reconociendo la posibilidad de llegar hasta el 90%, mientras Bruselas lo sitúa sobre el 115% . Ficción de conseguir colocar 221.500 millones de euros en deuda pública en 2010, por mucho inversor árabe que se busque para hacerle el lío.

 El Estado español está iniciando su transición de sablista a mendigo. La pérdida de la calificación máxima en la solvencia de nuestra deuda pública a principios de año es solo el inicio del proceso de conversión en andrajos de la salud financiera del Estado. Eso sí, andrajos de Armani. Que somos pobres, pero chulos. 

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