El Olímpico Silencio de los Corderos

A una población de mierda le corresponde una clase política de mierda.
Sólo así se explica que la deuda de Madrid sea 12 veces mayor que la de Barcelona. Terrible escándalo, ya que cuando llegó Gallardón a la Alcaldía, tal deuda sumaba menos de la mitad que la de la Ciudad Condal. Y aquí no pasa nada.
Gráfico a toda plana, aquí. Se comenta solo, pero aún así lo comentamos.
[El Embajador me indica que el gráfico es de Wonkapistas. Procede cita.]
Nueve mil doscientos millones de euros de déficit en el Ayuntamiento de Madrid. Suma que supera el 155% de los ingresos municipales, frente al 110% que marca el Plan Económico Financiero pactado con Pedro Solbes para el periodo 2005-2008. Los caprichos del Faraón, que llevamos denunciando años en este blog, nos cuestan un ojo de la cara. El palo lo pagamos a lo bestia vía subidas del IBI e imposición de nuevas tasas, abrumadoramente elevadas. Y aquí no pasa nada.
Mientras cientos de jennys y christians bailaban al son de David Bisbal repitiendo la corazonada del Faraón como quien repite los mantras de la sabiduría de Yoda, Barbacid se marchaba de España porque no tenemos presupuesto de I+D para mantenerle investigando en nuestro país de opereta, que con una deuda pública del 12% del PIB y un paro oficial próximo al 20% sigue manteniendo en sus poltronas a una clase política que opina... que tenemos que organizar unos Juegos. Y aquí no pasa nada.
Y para conseguir esos juegos, cuatrocientos cincuenta señores, encabezados por el Jefe del Estado, se iban a gastos pagados a Copenhague a convencer a unos electores tan sobornables como los que hicieron Emperador a Carlos I y V, de que eligieran a Madrid. Los 450 vendiendo la misma mercancía averiada: El apoyo popular a las olimpiadas, entre el cabreo generalizado de los madrileños.
Y aquí no pasa nada porque la ciudadanía española vive instalada en el cómodo silencio de los corderos. Desposeída de cualquier forma de control sobre sus representantes políticos. Drogada mediáticamente y anestesiada políticamente. Una ciudadanía de vergüenza para un país de vergüenza. Y sigue sin pasar nada.
Sólo así se explica que la deuda de Madrid sea 12 veces mayor que la de Barcelona. Terrible escándalo, ya que cuando llegó Gallardón a la Alcaldía, tal deuda sumaba menos de la mitad que la de la Ciudad Condal. Y aquí no pasa nada.
Gráfico a toda plana, aquí. Se comenta solo, pero aún así lo comentamos.
[El Embajador me indica que el gráfico es de Wonkapistas. Procede cita.]
Nueve mil doscientos millones de euros de déficit en el Ayuntamiento de Madrid. Suma que supera el 155% de los ingresos municipales, frente al 110% que marca el Plan Económico Financiero pactado con Pedro Solbes para el periodo 2005-2008. Los caprichos del Faraón, que llevamos denunciando años en este blog, nos cuestan un ojo de la cara. El palo lo pagamos a lo bestia vía subidas del IBI e imposición de nuevas tasas, abrumadoramente elevadas. Y aquí no pasa nada.
Mientras cientos de jennys y christians bailaban al son de David Bisbal repitiendo la corazonada del Faraón como quien repite los mantras de la sabiduría de Yoda, Barbacid se marchaba de España porque no tenemos presupuesto de I+D para mantenerle investigando en nuestro país de opereta, que con una deuda pública del 12% del PIB y un paro oficial próximo al 20% sigue manteniendo en sus poltronas a una clase política que opina... que tenemos que organizar unos Juegos. Y aquí no pasa nada.
Y para conseguir esos juegos, cuatrocientos cincuenta señores, encabezados por el Jefe del Estado, se iban a gastos pagados a Copenhague a convencer a unos electores tan sobornables como los que hicieron Emperador a Carlos I y V, de que eligieran a Madrid. Los 450 vendiendo la misma mercancía averiada: El apoyo popular a las olimpiadas, entre el cabreo generalizado de los madrileños.
Y aquí no pasa nada porque la ciudadanía española vive instalada en el cómodo silencio de los corderos. Desposeída de cualquier forma de control sobre sus representantes políticos. Drogada mediáticamente y anestesiada políticamente. Una ciudadanía de vergüenza para un país de vergüenza. Y sigue sin pasar nada.











