Martes, 22 de septiembre de 2009

Escudo antimisiles: El Emperador estaba en bolas

Montar en Polonia y la República Checa un escudo antimisiles para defenderse de posibles ataques de Irán y Corea del Norte era una excusa tan grotesca para revivir tensiones de la Guerra Fría en beneficio exclusivo del complejo armamentístico norteamericano que no ha sobrevivido ni ocho meses a la salida de Bush de la Casa Blanca.

El Emperador estaba completamente desnudo. Tanto es así que cuesta encontrar en la blogocosa atlantista la más mínima crítica a la decisión de Obama de cancelar el proyecto. Yo particularmente no he encontrado ninguno.

No obstante, el silencio sepulcral de los palmeros electrónicos del Trío de las Azores no es nada comparado con la alegría que me produce el ver la posición en la que han quedado Polonia y la República Checa, desleales socios de la UE que han venido cobrando de Bruselas y obedeciendo a Washington.

Los gobiernos polaco y checo han pretendido jugar la carta geopolítica de la "amenaza rusa"... cuando en realidad Rusia no sólo no amenaza a nadie (no reclama más que el área de influencia que venía manteniendo desde el Siglo XIX) y además es la única potencia que ha podido sentirse amenazada por el cerco permanente que ha intentó -y, en alguna medida, logró- tender contra ella la Administración Bush.

Polonia y Chequia han sido parte importante en este intento y con su decidido apoyo y colaboración Bush pudo pasarse ocho años poniendo palos en las ruedas del necesario entendimiento UE-Rusia: Nada menos que dos Estados ex-comunistas fronterizos con el área de influencia reclamado por Moscú... dispuestos a servir de campo de batalla a una nueva Guerra Fría permitiendo el despliegue de un amenazador escudo antimisiles en su territorio y forzando a Francia y a Alemania a aceptarlo calladamente. Esta era la "Nueva Europa" que tanto gustaba a Colin Powell.

Desde luego, la cancelación de este escudo compromete en gran medida la influencia de los Estados Unidos sobre los países del Este de Europa y no es sino un síntoma más del momento histórico de caída de una hegemonía que estamos viviendo y que Ernesto Milá ha retratado magníficamente. Estos países tienen ahora por delante el reto de reposicionarse respecto a sus socios europeos y respecto a la propia Federación Rusa: Estamos en un momento en el que es posible iniciar una beneficiosa cooperación UE-Rusia y sin el apoyo del amigo americano, envuelto en sus propios problemas,  no parece que polacos y checos puedan impedirlo.

 

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