Viernes, 11 de septiembre de 2009

El 11 de Septiembre y la ca?da de la Segunda Cartago

Uno de los conflictos geopolíticos más antiguos de la historia es el que se sucede, en todas las épocas, entre una  gran potencia de tipo naval, basada en el comercio y las libertades individuales y una gran potencia terrestre, mucho más apegada al militarismo, a la tierra y a la subordinación del individuo al colectivo. Hoy estamos, asistiendo al final de la hegemonía imperante, cuando el poder de los Estados Unidos de América, empieza a dar muestras de debilitamiento.

El conflicto entre Atenas (potencia naval) y Esparta (potencia terrestre) terminó con victoria espartana, del mismo modo que posteriormente Roma (potencia terrestre)  pudo con Cartago (potencia naval). Si a yankis y pro-yankis les gusta más identificarse con Roma fue simplemente por la condición victoriosa de la misma y no por ninguna afinidad real, geopolítica o ideológica, con la civilización o el ideal romano... porque realmente los Estados Unidos son la Cartago -o, si se prefiere, la Atenas- de nuestros tiempos modernos.

 Las potencias navales, tuvieron también su ración de victorias a lo largo de los siglos: Inglaterra (potencia marítima) venció sucesivamente a España, una potencia de naturaleza terrestre abocada al sostenimiento de un imperio ultramarino y desangrada en múltiples frentes. Fue también Inglaterra quien derrotó al terrestre Imperio Napoleónico y -ya con el concurso de la gran potencia naval de hoy día, los Estados Unidos- a los terrestrísimos Imperios Centrales en la I Guerra Mundial y al III Reich y al Japón en la II.

Desde aquel momento, la agotada Inglaterra cedió el testigo de la hegemonía mundial a los Estados Unidos de América, quien logró derrotar en una guerra no-declarada a la potencia terrestre emergente del momento: La poderosa Unión Soviética y sus satélites. El componente ideológico de la contienda -libertad individual frente a sumisión al colectivo- es sorprendentemente parecido al que encontramos en los discursos del ateniense Pericles en los inicios de la Guerra del Peloponeso... que abordan también, por cierto, la legitimidad de la "guerra preventiva", recordándonos una vez más la necesidad de releer a los clásicos de forma permanente.

Hoy sin embargo asistimos al debilitamiento progresivo de la gran talasocracia de nuestro tiempo y de sus aliados más fieles. Los síntomas más evidentes de agotamiento los está dando el Reino Unido, debilitado por su propio liberalismo por ejemplo en materia migratoria y reticente socio de la Unión Europea, germen de un polo de poder terrestre europeo con el que Inglaterra no puede sentirse ni cómoda, ni mucho menos identificada, tal y como ha demostrado de forma permanente y, sin ir más lejos, manteniéndose fuera del euro.

El Reino Unido estuvo, en Octubre de 2008, a las puertas de un corralito, tal y como informó el otro dia la FSA, autoridad reguladora de los servicios financieros del país. Cierto que el corralito iba a ser limitado a los dos grandes bancos intervenidos (RBS y HBOS) pero resulta dificil imaginarse que no hubiera cundido el panico entre los ahorradores del pais y forzado la imposicion de un corralito general. La intervencion del Gobierno rescatando dichos bancos con dinero público lo evitó in extremis. Pero va a resultar muy difícil evitar -y desde aquí damos por seguro que sucederá antes de un año- la devaluación de la libra esterlina, que será anticipo de la del dólar americano.

Y es que en Estados Unidos, donde han quebrado ochenta y siete bancos y el Estado de California en quiebra, la devaluación del dólar será inevitable aunque en un plazo algo más largo. No sucede actualmente por razones de prestigio imperial, entre las cuales caben destacar las siguientes:

a) El estar respaldado por el mejor ejército del mundo hace que el dólar sea considerado por cualquier inversor o Estado como la moneda más segura en la que tener sus ahorros y reservas.

b) La pérdida de valor nominal del dólar causaría un enorme malestar entre los restantes actores internacionales con reservas importantes de dólares (Rusia, China, Unión Europea...).

c) El actual orden económico internacional se basa en un estado hegemónico que exporta dólares (es decir, confianza en su "solidez imperial") e importa absolutamente todo lo demás -esencialmente petróleo- pagándolo únicamente con esos dólares que imprime sin más respaldo que la confianza en el país. Este orden económico es enormemente ventajoso para los Estados Unidos y por ello se incurrirá en los costes que hagan falta para mantenerlo, como se vio y se sigue viendo en la Guerra de Irak, donde lo que se jugaba era ni más ni menos que el permitir o no a Saddam Hussein vender el petróleo en euros en vez de en "créditos imperiales".

 Se trata, esencialmente, de cuestiones de prestigio imperial y de mantenimiento de una hegemonía mundial durante el máximo de tiempo posible, como muy bien ha señalado Ernesto Milá a propósito de la operación en Afganistán, ingobernable avispero en cuya conquista ha fracasado absolutamente todo el mundo y en el que, como ya señalamos, las fuerzas invasoras entre las que lamentablemente nos contamos han sido directamente incapaces de imponer un mínimo de libertades, derechos humanos o simplemnete una apariencia democrática formalmente presentable.

Lo que verdaderamente importa en Afganistán es que el petróleo de Asia Central fluya hacia el Índico -y, de allí, a las costas californianas- sin pasar por zonas bajo influencia rusa o iraní. Y en la consecución de este objetivo estratégico para el imperio, hay muchas cosas que son sacrificables.

En este sentido, los Estados Unidos -como otros imperios caídos antes- se enfrentan a la problemática de defender intereses estratégicos a largo plazo con un coste que, a corto plazo, es muy superior a los beneficios obtenidos. Y, como cualquier otra hegemonía en horas bajas, no le queda sino requerir el auxilio de sus "aliados" y la imposición de cargas mayores a sus propios ciudadanos.

Y es que el Emperador Caracalla no otorgó la ciudadanía romana a todos los hombres libres del Imperio en el año 212 por creer en los principios de "Libertad, Igualdad y Fraternidad" que se enunciarían milenio y medio después... sino para obligar a todo el mundo a pagar impuestos que sostuvieran la enorme maquinaria militar necesaria para asegurar la subsistencia del Imperio Romano.

Hoy, Barack Obama plantea una subida generalizada de impuestos a los estadounidenses apenas dulcificada por el intento de una cada vez más polémica imposición de la sanidad universal. Mientras, el ejército americano cada vez se asemeja más al conglomerado multinacional de mercenarios comandado por los sucesivos generales cartagineses.

Al mismo tiempo -y continuando con las tradiciones de hegemonías caídas como las de Inglaterra o Atenas- los mismísimos Estados de la Unión empiezan a recordarle al Gobierno de Washington que tiene sus atribuciones estrictamente limitadas por la Constitución o, más directamente, que tienen derecho a la secesión, tal y como han hecho ya nueve Estados encabezados -como no- por la Texas  natal de un Chuck Norris que ya ha aprovechado la coyuntura para marcarse una nueva machada.

Todo este escenario tuvo un punto de arranque: El 11 de Septiembre de 2001, en el que en virtud de un espantoso atentado terrorista, la  política exterior  de una Administración que se estrenaba con propósitos declarados de repliegue de tropas y ahorro económico se transformó súbitamente en la irresponsable y aventurera "Guerra contra el Terror", que terminó con un fracaso estrepitoso en todos los frentes y con el prestigio imperial estadounidense cada vez más comprometido, e incluso abiertamente contestado, en todos los frentes del globo.

La caída de la Segunda Cartago cumple ocho años avanzando. Y la única pregunta que se me suscita es... ¿Estará Europa en condiciones de recoger el manto imperial cuándo quede vacante?

Comentarios

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Autor: Feynman
Fecha: S?bado, 12 de septiembre de 2009
Hora: 0:13

?Europa? Mil trescientos millones de chinos niegan con la cabeza.