Mi?rcoles, 09 de septiembre de 2009

Sin el menor atisbo de grandeza

Observen la mesita de medio pelo, comprada seguramente por una pasta cuando se rediseñó el despacho de turno con cargo a los Presupuestos Generales del Estado y con encargo a algún amiguete, en la que se reúne la Presidencia del Gobierno en pleno: Zapatero, sus dos VicePresidentas De la Vega y Salgado y su VicePresidente Tercero Manuel Chaves.

Estamos ante la viva imagen de la paridad. Y del esnobismo, y de la idiocia y de la falta más absoluta de grandeza que cabe imaginarse. Jamás veremos a un Obama, un Sarkozy o un Blair... o tampoco a un Castro o a un Chávez, sentado con su plana mayor en torno a un mueblecito de chicha y nabo como el que utiliza ZP, ni mucho menos encaramados a una de esas horribles sillas metálicas de diseño presumiblemente sueco.

 Imagínense ustedes a Obama, quien preside un país con 200 años de historia, cambiando a su antojo la decoración del Despacho Oval por la última ocurrencia de alguna revista de muebles.

Pues en España, con un legado histórico gigantesco de muebles clásicos, imponentes, históricos y absolutamente funcionales que languidece en los almacenes de Patrimonio Nacional... nuestra clase política se dedica, como primera ocupación al hacerse con el botín del poder, al remodelaje total de despachos y mobiliario. Con resultados tan pobres como el de la fotografía que ilustra esta entrada. Que ha correspondido al horrible gobierno de ZP, exactamente igual que podría haber sido una instantánea del gabinete Aznar, por no hablar de los 17 reinecillos de taifas en los que se divide España.

Un cristalillo. Cuatro cafés. Unos folios cogidos de cualquier forma. Es la viva imagen de lo que no debe ser ni un Estado, ni un conjunto de estadistas. ¿Se imaginan ustedes al Conde de Aranda, o al Cardenal Cisneros, o a Azaña si aletean más hacia la izquierda, sentados en torno a unos mueblecitos de producción industrial masiva? ¿Se les imaginan realmente tomando decisiones sobre el presente y el futuro de España mientras sus rostros se ven pálidamente reflejados en ese cristalillo montado sobre un diseño prefabricado?

¿Es que no nos queda ya en este país ni el menor atisbo de grandeza? ¿Ni siquiera en una cuestión tan de estética como esta? ¿Es que no hay nadie capaz de decirle a esta gente que tener a toda una Presidencia del Gobierno en pleno sentada ahí, de esa forma, en esos muebles, simplemente es vergonzoso?

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