A la piscina en bolas
Tras la reciente polémica en Francia tras la prohibición de acceder a una piscina pública con burkini a
una adolescente, me ha sorprendido gratamente la reacción social de
apoyo a los responsables de dicha piscina, que ha obligado a la mayoría
de medios de la progredumbre a mantener una posición neutral.
Por desgracia, como no todo podían ser buenas noticias, he visto reacciones desnortadas en campo amigo. Concretamente, la del Embajador en el Infierno, quien desde posiciones católicas tradicionalistas primero se posiciona en favor del burkini para posteriormente alertar de que nos quieren obligar a ir a la piscina en bolas. Y lo dicen totalmente en serio.
Mucho me temo que el Embajador y otros muchos de su entorno no se han enterado aún de qué va la guerra. Recopilo aquí mi postura al respecto, en base a los comentarios que he hecho a ambos artículos.
Vaya por delante que la noción del pudor lo que trata es de proteger la intimidad sexual.
Difícilmente puede decirse, como hace el Embajador, que el bikini
atenta contra el pudor, del mismo modo que tampoco atenta contra el
pudor los actuales bañadores masculinos. Son simplemente prendas
funcionales que protegen el pudor proporcionando la comodidad necesaria
para desenvolverse en el agua. No hay nada impúdico, se ponga como
se pònga el Embajador, en mostrar el torso de un varón o las piernas y
el abdomen de una mujer.
El cuerpo humano, como modelo de belleza forma parte indisoluble de la tradición cultural europea. Su exhibición, dentro de los límites del decoro, forma parte de lo que somos como hijos de Roma y del Cristianismo. Pretender situar el bikini en el terreno de lo intolerable y contrario al pudor me parece un exceso que no va a motivar más que la rechifla generalizada de la sociedad. Que un señor se fuera a protestar a un Obispo por la presencia de bikinis en las playas era ridículo ya en los 60 y, desde luego, lo sigue siendo ahora.
El burkini no es una prenda pudorosa, sino un atuendo represivo.Se trata de una prenda diseñada no para cubrirse pudorosamente, sino para ocultar toda la belleza humana que se oculta bajo el mismo a todo el mundo menos al "propietario" (marido). Es una prenda de sumisión y de esclavitud de la mujer. Una prenda, por lo tanto, de evidente origen islámico.
Decir que el bikini es "falta de pudor" (¿porqué? ¿según quién?) mientras que el burka es una cobertura pudorosa del propio cuerpo es gravísimo, no solo por la pobreza intelectual y la falta de perspectiva identitaria que denota, sino porque además deja meridianamente claro el lamentable cacao maravillao en el que anda un porcentaje importantísimo del catolicismo más sano, con el que no se podrá contar para combatir a las hordas bárbaras que vienen desde Arabia.
Y no porque sean personalmente favorables a la invasión islámica, sino porque ellos mismos -y esto es lo grave- se han castrado intelectualmente a fuerza de no ver más que atentados contra el pudor por todas partes. Se posicionan en favor del burkini porque, simple y sencillamente, no comprenden que el problema no es de pudor, sino de permitir o no la normalización en Europa de prendas que son rigurosas y poco prácticas incluso en el desierto.Que son símbolos de colonización hoy... que anticipan una conquista prevista para mañana.
Explicarle al moro que se tiene que si quiere vivir en Europa debe adaptarse a las costumbres europeas es anatema para el Embajador y los que les apoyan... simplemente porque las actuales costumbres europeas no se ciñen a los planteamientos del catolicismo tradicional que ellos defienden. Desde su óptica, educar al moro para que se iasimile al europeo en sus costumbres y prácticas puede dar el terrible resultado de que la hija del argelino termine, en vez de llevando un burka, enseñando cacha con un bikini. Y eso, claro está, no se puede permitir porque nos situaría un paso más cerca de ese terrible futuro en el que nos obligarán a ir a la piscina en pelota picada.
Somos europeos. Hijos de Roma y de Grecia, tamizados por el Cristianismo. Nuestra civilización admira y respeta la belleza del cuerpo humano dentro de los límites del decoro y el pudor, límites que -salvo que se tenga una mente particularmente vulnerable a ciertos estímulos- el bikini respeta. El burka, en cambio, no es decoro, ni pudor, sino represión y esclavitud.
No es el objeto de este post el tocar las narices a un blogger amigo. Pero creo que en una situación de asalto a Europa como la que estamos viviendo, el trazar una línea de sentido común que ponga freno al invasor exterior es importante. Y cuando esta línea de sentido común se rompe desde trincheras que considero afines por razones tan poco consistentes como la condena al bikini o la posibilidad de que un día el Gobierno imponga por ley la desnudez en las piscinas me parece escandaloso y grave.
Por desgracia, como no todo podían ser buenas noticias, he visto reacciones desnortadas en campo amigo. Concretamente, la del Embajador en el Infierno, quien desde posiciones católicas tradicionalistas primero se posiciona en favor del burkini para posteriormente alertar de que nos quieren obligar a ir a la piscina en bolas. Y lo dicen totalmente en serio.
Mucho me temo que el Embajador y otros muchos de su entorno no se han enterado aún de qué va la guerra. Recopilo aquí mi postura al respecto, en base a los comentarios que he hecho a ambos artículos.
Vaya por delante que la noción del pudor lo que trata es de proteger la intimidad sexual.
Difícilmente puede decirse, como hace el Embajador, que el bikini
atenta contra el pudor, del mismo modo que tampoco atenta contra el
pudor los actuales bañadores masculinos. Son simplemente prendas
funcionales que protegen el pudor proporcionando la comodidad necesaria
para desenvolverse en el agua. No hay nada impúdico, se ponga como
se pònga el Embajador, en mostrar el torso de un varón o las piernas y
el abdomen de una mujer. El cuerpo humano, como modelo de belleza forma parte indisoluble de la tradición cultural europea. Su exhibición, dentro de los límites del decoro, forma parte de lo que somos como hijos de Roma y del Cristianismo. Pretender situar el bikini en el terreno de lo intolerable y contrario al pudor me parece un exceso que no va a motivar más que la rechifla generalizada de la sociedad. Que un señor se fuera a protestar a un Obispo por la presencia de bikinis en las playas era ridículo ya en los 60 y, desde luego, lo sigue siendo ahora.
El burkini no es una prenda pudorosa, sino un atuendo represivo.Se trata de una prenda diseñada no para cubrirse pudorosamente, sino para ocultar toda la belleza humana que se oculta bajo el mismo a todo el mundo menos al "propietario" (marido). Es una prenda de sumisión y de esclavitud de la mujer. Una prenda, por lo tanto, de evidente origen islámico.
Decir que el bikini es "falta de pudor" (¿porqué? ¿según quién?) mientras que el burka es una cobertura pudorosa del propio cuerpo es gravísimo, no solo por la pobreza intelectual y la falta de perspectiva identitaria que denota, sino porque además deja meridianamente claro el lamentable cacao maravillao en el que anda un porcentaje importantísimo del catolicismo más sano, con el que no se podrá contar para combatir a las hordas bárbaras que vienen desde Arabia.
Y no porque sean personalmente favorables a la invasión islámica, sino porque ellos mismos -y esto es lo grave- se han castrado intelectualmente a fuerza de no ver más que atentados contra el pudor por todas partes. Se posicionan en favor del burkini porque, simple y sencillamente, no comprenden que el problema no es de pudor, sino de permitir o no la normalización en Europa de prendas que son rigurosas y poco prácticas incluso en el desierto.Que son símbolos de colonización hoy... que anticipan una conquista prevista para mañana.
Explicarle al moro que se tiene que si quiere vivir en Europa debe adaptarse a las costumbres europeas es anatema para el Embajador y los que les apoyan... simplemente porque las actuales costumbres europeas no se ciñen a los planteamientos del catolicismo tradicional que ellos defienden. Desde su óptica, educar al moro para que se iasimile al europeo en sus costumbres y prácticas puede dar el terrible resultado de que la hija del argelino termine, en vez de llevando un burka, enseñando cacha con un bikini. Y eso, claro está, no se puede permitir porque nos situaría un paso más cerca de ese terrible futuro en el que nos obligarán a ir a la piscina en pelota picada.
Somos europeos. Hijos de Roma y de Grecia, tamizados por el Cristianismo. Nuestra civilización admira y respeta la belleza del cuerpo humano dentro de los límites del decoro y el pudor, límites que -salvo que se tenga una mente particularmente vulnerable a ciertos estímulos- el bikini respeta. El burka, en cambio, no es decoro, ni pudor, sino represión y esclavitud.
No es el objeto de este post el tocar las narices a un blogger amigo. Pero creo que en una situación de asalto a Europa como la que estamos viviendo, el trazar una línea de sentido común que ponga freno al invasor exterior es importante. Y cuando esta línea de sentido común se rompe desde trincheras que considero afines por razones tan poco consistentes como la condena al bikini o la posibilidad de que un día el Gobierno imponga por ley la desnudez en las piscinas me parece escandaloso y grave.

enrollada en una alfombra









