La reunificación de Alemania: Vae Victis en la Vieja Europa
El pasado 6 se Agosto Atreides, autor de nuestro blog amigo Occidente a la Deriva se actualizó con una interesantísima entrada sobre la reunificación alemana de 1990, tras la caída del Muro de Berlín. El artículo me parecede obligada lectura por lo que contiene de denuncia sobre la injusticia histórica perpetrada sobre Prusia... pero al mismo tiempo, creo que Atreides es injusto en parte de su análisis y se queda muy corto en otras cuestiones. Voy a intentar, muy brevemente, una crítica constructiva que deje claromi punto de vista al respecto: Los peajes que se le hicieron pagar aAlemania por su reunificación -y, anteriormente, por su rearme- fueron y siguen siendo un auténtico y verdadero Vae Victis sobre una nación a la que, cuatro generaciones después, se le sigue haciendo pagar los errores y muy especialmente las derrotas del III Reich.
Lo primero que quiero señalar es que creo que Atreides parte de dos errores de base: 
1) Pedirle a Helmut Kohl que planteara, en nombre de la República Federal de Alemania, las -justísimas- reclamaciones territoriales del Reino de Prusia (y con ellas, ojo, las del II y III Reich) era, pura y simplemente, una locura: Entre 1945 y 1949 (la toma de Berlín y los Juicios de Nuremberg)lo que se hace es, pura y simplemente, crear un nuevo orden internacional. Orden internacional basado, entre otras cosas, en quelas nuevas estructuras políticas que se otorguen a los países vencidos serán, efectivamente, nuevas. Sin sucesiones de soberanía o derechos respecto a reivindicaciones anteriores.
Tan impensable era que Helmut Kohl pudiera aparecer enarbolando reivindicaciones territoriales prusianas sobre Silesia o Stettin como podría serlo hoy que el Rey Juan Carlos I pretendiera hacer valer el título de Rey de Jerusalén vinculado a la Corona de España.Alemania no fue vencida en 1945: Fue muerta. La nueva Alemania que surgió después, la RFA, nació como algo radicalmente diferente y estuvo claro desde el instante de su concepción que no podría reivindicar nada, absolutamente nada, de su historia desde 1914.
2) La Unión Soviética era contraria a la reunificación, sino que además no obtuvo ni una sola ventaja con la misma. Asimismo, la operación de reunificación y caída del Telón de Acero no fue ninguna farsa ni una operación preparada con años de antelación... sino simple y sencillamente, la conclusión final e inevitable en su fondo y totalmente imprevista en su forma de la caída del poderío soviético.
En los inicios de la primera Administración Bush, la Unión Soviética de Gorbachov ya había decidido que sus aliados eran una carga. Pero la tesis soviétiva no pasaba por "abandonarles" sino por encaminarles enla misma senda que pretendía seguir Gorbachov: Políticos comunistas reformistas como el propio Gorbachov realizando reformas económicas bajo la supervisión de los respectivos Partidos Comunistas y sus preclaras visiones de "comunismo de mercado".
Lograba así la Unión Soviética el objetivo básico de conservar su predominio en el espacio geoestratégico del Este de Europa. La importancia de este objetivo no debe ser subestimada en ningún caso: Ya desde tiempo de los zares, las necesidades geopolíticas rusas han exigido siempre y de forma constante la expansión, bien militar, bien política, hacia el Oeste, guiados por el imperativo de obtener salidas seguras hacia el Mar Mediterráneo. Esta constante de la política rusa se mantiene a día de hoy, con el posicionamiento firmemente pro-serbio (pro-yugoslavo) de todas las administraciones rusas desde antes de la Revolución Soviética hasta la actualidad.
Incluso la reciente concesión de la independencia a Montenegro (cortando así la salida al mar de Serbia) se enmarca dentro de la tradicional política anglosajona de jugar contra los intereses geoestratégicos rusos. Cada régimen del Este que se independiza de la órbita política rusa es, pura y simplemente, un paso más en el arrinconamiento del oso ruso al que se sigue jugando desde Washington.
Así pues, contra lo que dice Atreides, la Unión Soviética jamás, en ningún caso, deseó la reunificación de Alemania.Como no deseó en ningún la democratización de Polonia o de Hungría. De igual modo que no pudo evitar estas por la pura y simple deslegitimación total del comunismo en ambos países (que llevaron a que los comunistas fueran absolutamente derrotados en las primeras elecciones multipartidistas que convocaron para tratar de dar un barniz democrático a sus perestroikas) simplemente la URSS perdió completamente el control de Alemania Oriental y no estuvo nunca en condiciones de influir en el proceso de unificación.
Así fue como, efectivamente, se crearon las condiciones previas para que elGobierno de Hungría empezara a recibir "refugiados"de Alemania Oriental, creándose la primera gran brecha en el Telón de Acero, con la URSS completamente en fuera de juego ante la situación: No podía ya permitirse el envío de tanques del Pacto de Varsovia para evitar que un país se escapara de su órbita como había sucedido en Praga en 1968.

Por ello, insisto, la posición firmemente contraria de Gorbachov a la reunificación alemana fue el menor de los problemas a los que tuvo que enfrentarse Helmuth Kohl. Que tuvo en todo momento a los principales adversarios de la reunificación entre sus propios aliados. Muy significativamente, el Reino Unido de Margaret Thatcher y la Francia de Mitterand eran tremendamente contrarios a la reunificación.
No era nada nuevo. Ya Francia había puesto, a principios de los años 50, toda clase de trabas al rearme de la Alemania Occidental, incluso aunque dicho rearme se realizara en el marco de estructuras comunes como la OTAN o la Comunidad Europea de Defensa. Posición -vale la pena señalarlo- absolutamente coherente con las necesidades geopolíticas de Francia mantenidas esencialmente intactas desde los tiempos inmediatamente posteriores a Carlomagno. En cuanto a la posición británica, era también absolutamente coherente con la mantenida desde los tiempos de Isabel I: Impedir el surgimiento -y, si esto no era posible, colaborar en la caída- de cualquier hegemonía terrestre en el continente europeo. (¿Ejemplos? Los Austrias, Napoleón, Prusia, el III Reich, la Unión Soviética... y, en la actualidad, el hipotético Eje París-Berlín con el posible añadido de Moscú.)
Así,una Alemania unificada sería demasiado poderosa para el gusto del Reino Unido y de Francia. Y le impusieron a Helmuth Kohl un verdadero vae victis cuarenta y cinco años después del final de la II Guerra Mundial.
Vae victis que se concretaba, muy a grandes rasgos, en lo siguiente:
1) El status quo de la República Federal de Alemania no podía sufrir alteraciones de ningún tipo: Franceses y británicos sabían que la Alemania Occidental surgida de la Ley Fundamental de Bonn era un aliado fiable. Pero no podrían fiarse de ningún nuevo Estado Alemán que surgiera de la aplicación estricta de las disposiciones de dicha Ley para la reunificación del país que, como muy bien señala Atreides, incluían Asamblea Constituyente, nueva Constitución y refundación de Alemania. Se inventó, por lo tanto, la pura y simple treta de hacer que los landers del Este se unieran"uno por uno" a la existente RFA.
2) El mantenimiento de las fronteras polacas, renunciando de facto a la aplicación del Tratado de Postdam: Íntimamente ligado a lo anterior. Polonia, destinada a ser la frontera entre la Europa Occidental y lo que quedara del área de influencia soviética (aún no había llegado al Kremlin un borrachín como Yeltsin para renunciar a las repúblicas bálticas como parte del área de influencia rusa) necesitaba las máximas seguridades sobre su integridad territorial por lo que respectaba a su frontera oeste. Y obtenerlas era condición sine qua non para el ReinoUnido, los Estados Unidos de América (con un diseño unipolar muy claro en mente que incluía el aislamiento a Rusia) y, en menor medida, para Francia.
3) La República Federal de Alemania financiaría sin ayuda externa su reunificación con la Alemania del Este y, además,Alemania mantendría sus compromisos económicos con el resto de la CEE: No sólo no habría ningún "Plan Marshall",ni americano ni de la Comunidad Económica Europea para la reunificaciónde Alemania, sino que además los alemanes seguirían siendo los principales paganos de la CEE, sinrevisiones ni concesiones de ningún tipo.
Este modelo de funcionamiento, en el que Alemania era el principal aportante neto de dinero a las arcas comunitarias y el Estado europeo más poblado, pero se encontraba totalmente infrarrepresentado a la hora de la toma de decisiones se consagró en el Tratado de Maastricht de 1992, por el que se crea la Unión Europea y se decide ni más ni menos que la creación del Euro, con la cual los alemanes renuncian a la seguridad y fortaleza de su marco a cambio de una aventura compartida con economías tan inflacionista y poco disciplinadas como las de Portugal, Italia, Grecia y España, cuyos billetes de euro empiezan a ser rechazados ya por los alemanes.
4) Además,Alemania se verá obligada a permitir la expansión haciael Este de laCEE/UE que el Tratado de Maastricht abre de manera explícita, con laobligación implícita de seguir financiándola de idéntica manera. Afortunadamentepara Alemania y pese a las presiones contrarias desde Washington, se logró demorar esta inconveniente expansión más de una década, lo que permitió esquivar los aspectos más gravosos de esta imposición.
5) Porúltimo, Alemania, al dejar de ser la frontera con el enemigo comunista,deberá empezar a cargar asimismo con el coste -y, enocasiones, el desgaste- de mantener operaciones militares en elexterior junto confuerzas OTAN. La Alemania Occidental llevabaexenta de estasoperaciones desde su rearme. No obstante, desde sureunificación ha enviado abundantes contingentes a los peoresescenarios en los que ha intervenido la OTAN: Kosovo, Afganistán, Darfur, el Líbano y la Segunda Guerra del Golfo. Zonas de guerra abierta todas ellas. La lista de operaciones exteriores del Ejército Federal Alemán deja lugar a pocas dudas.
Se trata de unas condiciones gravosísimas que, desde el punto de vista económico que, en combinación con las que impuso esencialmente Francia en los años 50 a cambio de consentir el rearme alemán, muy bien pueden ser consideradas un segundo Tratado de Versalles.Y políticamente, Alemania ha estado total y absolutamente atada de pies y manos en materia de política exterior durante años debido a tales entendimientos.
No ha sido hasta el principio del fin del mundo unipolar que los alemanes lograron librarse de alguno de los másgravosos costes de la reunificación. Por ejemplo, mediante el Tratado de Niza que introduce por primera vez criterios poblacionales que favorecen casi exclusivamente a Alemania. Pero es aún muy largo elcamino que les queda a los alemanes para recuperar el peso político que perdieron a cambio de su rearme primero y de su unificación después.
Es más que dudoso que Helmut Kohl en su momento o Konrad Adenauer en el suyo hubieran podido evitar las condiciones que les fueron impuestas a cambio de las pequeñas concesiones que fueron obteniendo respecto de la política de aislamiento y contención total de Alemania que se adoptó tras la IIGM. Uno de los frutos de esta política de contención es, sin ir más lejos, la actual Unión Europea en la que Francia, con la mitad de población y económicamente menos pujante, pura y simplemente afirma tener derecho a mantener paridad de votos con Alemania. Pura y simplemente, la política exterior de Alemania sigue condicionada por el auge y caída del III Reich. Y así va a seguir muchos años.
Y sin embargo, algo van haciendo. Por ejemplo, el progresivo acercamiento entre Berlín y Moscú -que se vio muy claramente en los últimos posicionamientos frente a Ucrania- que en buena lógica debería arrastrar al resto de la Unión Europea pero que en la lógica todavía imperante ha motivado una división absurda entre los socios del Este, dispuestos a actuar como infantería colonial norteamericana en su intento de seguir aislando a Rusia.
Son pasos tímidos, pero los alemanes los van dando.Y gracias a Helmut Kohl dieron uno importantísimo, de la mejor forma posible. Por mucho que las antiguas fronteras de Prusia fueran a parar al basurero de la Historia.












