Jueves, 09 de julio de 2009

Caldera nos da la clave

Fuera del Gobierno y cómodamente instalado por ZP en la Fundación Ideas, el ex-Ministro Caldera pasa sus horas muertas dedicado a eso. A parir ideas. Con desiguales resultados. La última genialidad que el laboratorio del pensamiento que dirige Caldera a mayor gloria del socialismo patrio ha sido soltar sin despeinarse que "La culpa de que se instauraran las nucleares es de Franco", lo cual dicho así sin anestesia y con ese aire de pensador profundo estilo Yoda que ha cogido el ex-titular de Trabajo me recuerda vagamente a aquella machada del "A veces he creñido hasta en seis cosas imposibles antes del desayuno" que la Reina de Corazones le soltó a la pobre Alicia.
Profundizando en la parida verbalizada por el Presidente de la Fundación Ideas, nos encontramos conuna argumentación pintoresca, basada en que Franco "obligó" (él solito y posiblemente a punta de pistola) a la construcción de centrales nucleares en España "solo y exclusivamente" por "razones políticas y militares" lo cual, considerando que ninguna de las centrales nucleares españolas tiene ni ha tenido nunca la menor capacidad militar, tiene su mérito. 

Lo cierto es que, diga lo que diga la Fundación Ideas, la principal razón de los Gobiernos del periodo 1939-75 para instalar centrales nucleares no fueron políticas (Franco no entraba en política, ni falta que le hacía) ni mucho menos militares. Se trató de decisiones económicas. De puestos de trabajo.  Y  sobre todo de generar energía eléctrica a precio asequible para permitir funcionar a la industria española y abastecer a los centros urbanos recurriendo lo menos posible a la dependencia energética del petróleo, fuente cara e inestable desde su origen.

Estamos hablando, simplemente, de una argumentación tan válida entonces como es hoy la de quienes defienden, con los mismos criterios que utilizaron los gobiernos tecnócratas de Franco para su instalación, el mantenimiento en el tiempo de, por ejemplo, la Central Nuclear de Garoña. Que es, como tantas otras centrales, simple y sencillamente imprescindible para reducir los sablazos mensuales que recibimos en forma de facturas de la luz.

Por supuesto, Caldera no se queda en la ignorancia económica (y política y militar) más absoluta, sino que entra también y de forma contundente en el terreno de la ignorancia geológica al afirmar que la energía nuclear no podrá ser nunca una alternativa por estar basada en Uranio, elemento del cual -según Caldera- no existe cantidad suficiente para abastecer a toda la población lo cual causaría gravísimos problemas. Resulta exactamente lo contrario: Que el Uranio es abundantísimo en la corteza terrestre y no digamos ya nada en mares y ríos, con lo cual tendríamos combustible nuclear asegurado mucho tiempo después de que el Sol se extinguiera. Cierto que estimaciones más conservadoras estiman el final del Uranio aprovechable en unos 200 años, pero desde luego se trata de un periodo indiscutiblemente superior al previsto para el petróleo o el gas natural.

Pero todas estas cosas no le importan a Caldera, ser que vegeta feliz en el desconocimiento más absoluto sobre cualquier cosa acerca de la que le toque opinar por exigencias del guión. Lo importante aquí para los intereses del ideólogo del socialismo ibérico era introducir como fuera a Franco en el debate nuclear como fuera. Una vez logrado este objetivo, cualquier defensor de la energía atómica como solución para las necesidades energéticas de nuestro país podrá ser calificado abiertamente como franquista, fascista y devorador de niños crudos por la progredumbre intelectual y mediática a la que por supuesto le da igual cualquier argumentación política, económica o incluso geológica cuando se trata de cerrar filas. Solo necesitaban una consigna y la Fundación Ideas se la ha proporcionado.

¡Misión cumplida, Caldera!

Comentarios

Añadir un comentario