Domingo, 12 de julio de 2009

Decepticons por Siempre (y III): El Imperio Prevalece

Buscaba una excusa para cerrar, por el momento al menos, esta serie de artículos sobre los Decepticons. Porque después de hablar de su origen y su ideología queda poco más que decir sobre mis robotejos malvados favoritos. No obstante, siendo el de los Transformers un universo tan cambiante como los mecanoides que lo habitan. nos ofrece giros argumentales y evoluciones en algunos personajes que justifican en sí mismo un tercer post.

Últimamente ha sido la serie All Hail Megatron (extendida a 16 números frente a los 12 previstos inicialmente) la que a mi juicio ha aportado algunos elementos decisivos de cara a la configuración futura de la franquicia y la que me hace decir que el Imperio Decepticon prevalece... y con él va a prevalecer durante mucho tiempo el fenómeno Transformers.
En primer lugar, la enfermiza relación entre Starscream y Megatron tiene finalmente una solución final sostenible en el tiempo. Starscream es a la vez la mano derecha de Megatron y el más evidente pretendiente a su posición como líder de los Decepticons. Se ha alzado contra Megatron y contra otros líderes Decepticons en tantas ocasiones que resulta difícil contarlas. Y sin embargo se le ha visto recibiendo misiones de la mayor importancia, teniendo acceso a informaciones clasificadísimas e incluso salvando al propio Megatron en algún capitulo de la serie original. Últimamente, había sido casi destruído por Megatron -en Transformers: Infiltration-  tras un intento de rebelión y reactivado posteriormente por sus camaradas en Transformers: Devastation ante la creciente inestabilidad mental de Megatron.

Starscream salvó el día desactivando al poderosísimo Decepticon rebelde Sixshot con ayuda de ciertos códigos de seguridad conocidos solo por él mismo y Megatron. Sus acciones le valieron que Megatron le reconociera el derecho a seguir funcionando. Y conspirando.

 El caso es que Starscream parece haber aprendido algo del fracaso de su última intentona y en All Hail Megatron, inicia una nueva apuesta por el poder. Con varias novedades. La primera es que en esta ocasión no recluta a sus seguidores entre los Decepticons más guerreros, sino que busca el apoyo de los intelectuales. De los Decepticons más convencidos del ideal nihilista e imperialista que les llevó a rebelarse contra el orden Autobot y que creen que Megatron pone en peligro con sus acciones. Bombshell, Thundercracker, Reflector y los Constructicons conformarán el grueso de la fuerza golpista de Starscream.

 La segunda gran novedad es la actitud de Megatron. Quien podría, sin duda, haber aplastado por la fuerza esa rebelión como ya ha hecho con tantas otras. Estaba, según él mismo reconoce, sobradamente advertido de ella por el siempre leal Soundwave. Y la deja crecer deliberadamente para poder derrotarla... con argumentos y razonamientos más que con cañones. Por supuesto que el oportuno ataque Autobot en mitad de la lucha por el mando también juega un papel, pero el caso concreto es que Megatron logra convencer a su  traidor lugarteniente no solo de que no tiene razón, sino también de que su momento para liderar a los Decepticons aún no ha llegado.

Starscream depondrá sus pretensiones y se lanzará a organizar la primera línea de defensa frente a la irrupción Autobot con un grito de "All Hail Megatron!" que ha levantado más de una ampolla pero que significa que, pese a todas las apariencias en contra, Starscream cree  firmemente en un ideal Decepticon superior a sus ambiciones personales. Creencia que rubrica salvando a Megatron de su destrucción a manos de Optimus Prime y sus fuerzas tras explicar a los Autobots que  aspira a lograr el mando de los Decepticons por la fuerza y no por un mero azar del destino.  Si realmente Starscream cree en esos nobles ideales, hay Imperio Decepticon para rato.

Menos explicación tiene la pura y simple traición de Thundercracker a todos los Decepticons, interceptarndo en pleno vuelo el arma nuclear que Megatron había ordenado lanzar sobre Nueva York y que hubiera destruído definitivamente a Optimus Prime y a sus leales. Las explicaciones de Thundercracker acerca del supuesto "deshonor para los Decepticons" en el empleo de un arma atómica no tienen ni pies ni cabeza y su ejecución sumaria a manos de Skywarp -su amigo y camarada de armas en la fuerza aérea de élite de los Decepticons, los llamados Seekers- es no solo merecida, sino de todo punto imprescindible: Los Decepticons son un Ejército y no una pandilla de amigos.

 Starscream ha logrado finalmente un nuevo punto de equilibrio con Megatron y, desde luego, con todo el Ejército Decepticon que sabe que tiene en él no sólo a un excepcional comandante y guerrero, sino a todo un aspirante a la sucesión de Megatron. Por otra parte, la muerte de Thundercracker contribuirá, como en cualquier ejército, a reforzar la disciplina. Y teniendo en cuenta la abrumadora superioridad de los Deceps  tras vapulear a los Autobots a lo largo y ancho de toda la Galaxia, podemos estar seguros de que, al menos mientras los derechos los tenga IDW Comics, las tramas relativas a los Decepticons van a ganar en importancia y profundidad.

 Una última nota: La escena de la portada de cómic que ilustra este artículo nunca llegó a suceder. Pero no perdamos la esperanza. El Imperio prevalecerá.

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