Martes, 07 de julio de 2009

Honduras: Entre el Golpismo y el Surrealismo

 Paracomprender la situación en Honduras, es necesario entender previamenteun problema de naturaleza jurídico-constitucional: ¿Qué hacemos cuandouna Constitución se proclama a sí misma inderogable, en todo o enparte? ¿Debe quedar grabada en piedra para siempre, como las Leyes queentregó Dios a Moisés? ¿O es lícito buscar su reforma medianteprocedimientos que van a ser evidentemente inconstitucionales? Muyposiblemente la salida más aceptable sea la convocatoria de unas Cortes Constituyentes.Pero muchas Constituciones del mundo prohíben expresamente esta vía ycualquier otra para hacer posible su reforma total o parcial.

 En Europa tenemos un ejemplo de esto en la Ley Fundamental de Bonn,promulgada para la República Federal de Alemania tras la II GUerraMundial y que cuenta con una famosa "cláusula de eternidad" que protegepor y para siempre el contenido de sus artículos 1 y 20, referidos a ladignidad del ser humano y a la organización de Alemania como Estadodemocrático.

 Repasemos, por lo tanto, el Título VII de la kilométrica Constitución Política de Honduras, que dice así:

TITULO VII: DE LA REFORMA Y LA INVIOLABILIDAD DE LA CONSTITUCION

CAPITULO I
DE LA REFORMA DE LA CONSTITUCION

ARTICULO 373.- La reforma de esta Constitución podrá decretarse por elCongreso Nacional, en sesiones ordinarias, con dos tercios de votos dela totalidad de sus miembros. El decreto señalará al efecto el artículoo artículos que hayan de reformarse, debiendo ratificarse por lasubsiguiente legislatura ordinaria, por igual número de votos, para queentre en vigencia.

ARTICULO 374.- No podrán reformarse, en ningún caso,el artículo anterior, el presente artículo, los artículosconstitucionales que se refieren a la forma de gobierno, al territorionacional, al período presidencial, a la prohibición para ser nuevamentePresidente de la República, el ciudadano que lo haya desempeñado bajocualquier título y el referente a quienes no pueden ser Presidentes dela República por el período subsiguiente.

CAPITULO II
DE LA INVIOLABILIDAD DE LA CONSTITUCION

ARTICULO 375.- Esta Constitución no pierde su vigencia ni deja decumplirse por acto de fuerza o cuando fuere supuestamente derogada omodificada por cualquier otro medio y procedimiento distintos del queella mismo dispone. En estos casos, todo ciudadano investido o no deautoridad, tiene el deber de colaborar en el mantenimiento orestablecimiento de su afectiva vigencia.

Serán juzgados, segúnesta misma constitución y las leyes expedidas en conformidad con ella,los responsables de los hechos señalados en la primera parte delpárrafo anterior, lo mismo que los principales funcionarios de losgobiernos que se organicen subsecuentemente, si no han contribuido arestablecer inmediatamente el imperio de esta Constitución y a lasautoridades constituidas conforme a ella. El Congreso puede decretarcon el voto de la mayoría absoluta de sus miembros, la incautación detodo o parte de los bienes de esas mismas personas y de quienes sehayan enriquecido al amparo de la suplantación de la soberanía popularo de la usurpación de los poderes públicos, para resarcir a laRepública de los perjuicios que se le hayan causado.


Léase lo anterior, además, en concurso con el Artículo 239 del mismo texto constitucional que dice lo siguiente:

ARTICULO 239.- El ciudadano que haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo no podrá ser Presidenteo Vicepresidente de la República.

El que quebrante esta disposición o proponga su reforma, así como aquellos que lo apoyen directa o indirectamente, cesarán de inmediato en el desempeño de sus respectivos cargos y quedarán inhabilitados por diez (10) años para el ejercicio de toda función pública.

Por lo tanto, la situación jurídica de Honduras parece clara:

1) Un Presidente trata de reformar vía referéndum lo queconstitucionalmente es irreformable. La pregunta que iba a plantearZelaya era, simplemente, si los hondureños estaban de acuerdo conconvocar una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución en elsentido de proponer la reelección indefinida. En principio, la formamenos mala de tratar de reformar lo constitucionalmente irreformable.

2) El problema es que el mero hecho de proponer tal reforma deja al Presidente pura y simplemente cesado de su cargo de forma automática.

3) Y por lo tanto, Ejército, Parlamento y Tribunal Supremo Electoral (recalquemosesta denominación, porque nosotros no somos la prensa tradicional y sídiferenciamos entre el Tribunal Supremo Electoral y la Corte Suprema deJusticia de Honduras, que es cosa distinta y con un poder equivalenteal nuestro Tribunal Supremo y nuestro Tribunal Constitucional juntos)tenían en principio -luego lo comentamos- todo el derecho a impedir lacelebración del referéndum pretendido por Zelaya y para destituirle deinmediato de su cargo.

Y a partir de aquí, con una base jurídica aparentemente sólida,comienzan una serie de disparates bananeros muy similares a los querodearon a la intentona golpista contra Hugo Chávez en Venezuela, asaber:

1) El Tribunal Supremo Electoral, sin ningún tipo de atribuciónpara ello, decreta la expulsión del país del mandatario Zelaya lo cual,digámoslo claro, paréceme lo nunca visto y el colmo de los colmos enmateria de Derecho Constitucional.

2) El Jefe del Estado Mayor del Ejército, cesado por Zelaya por negarsea apoyar la celebración del referéndum prohibido por el TribunalSupremo Electoral, no reconoce su cese y en aplicación de la Sentenciadel TSE, detiene a Zelayas en su casa y le transporta fuera de país apunta de metralleta.

3) Como colofón a todo lo anterior, el Parlamento hondureño decidenombrar Presidente interino del país... al Presidente del  Parlamento.Pero ese nombramiento no viene motivado por las flagrantes violacionesde la Constitución cometidas por Zelaya, y ni siquiera en  laaplicación de la surrealista resolución del Tribunal SupremoElectoral... sino que fundamenta dicha sustitución en una supuesta carta de renuncia de Zelayapor razones de salud, carta cuya autenticidad Zelaya niega y que ademássegún cualquier lógica no puede ser más que una burda falsificación.Esta carta está fechada, a mayor abundamiento en el bananerismo, el 25de Junio, jueves... es decir, tres días antes del golpe.

Según la Constitución de Honduras, Zelaya quedó cesado en el momento deproponer el referéndum de reforma constitucional. El Presidente delParlamento podía sustituirle sin más dentro de la Constitución.Decretar la expulsión de Zelaya del país es absolutamente superfluo yabracadabrante. Detener al Presidente en su casa de madrugada y sacarlede Honduras a punta de pistola es abracadabrante. Y por último, pero nopor ello menos importante, que el Parlamento simule aceptar una renuncia del Presidente por razones de salud queel afectado niega haber escrito y se ampare en ello y no en su obviaviolación de la Constitución para apartarle del cargo parece ya cosapropia de película de Woody Allen.

 Y sin embargo... políticamente, era la salida más lógica dentro delfuncionamiento exótico de la política hondureña. La clave consiste enque la Carta Magna de Honduras con sus artículos inamovibles, tienetrampa. Y así como la Ley Fundamental de Bonn fue impuesta por losAliados, la Constitución Política de Honduras es el fruto de unaTransición de consenso entre militares y fuerzas democráticas.

La limitación a un único mandato presidencial es fruto de tal consenso y asegura la posición del Ejército como Cuarto Poder de facto,en Honduras. Por otra parte, tanto el Parlamento como el Poder Judicialllevan enfrentados a Zelaya desde el momento en el que éste accedió alpoder y empezó a ignorar total y absolutamente a su propio partido parair por libre en clara alineación con Chaves, Evo Morales, Raúl Castro yotros demócratas populares de la región.

Enfrentado por lo tanto a los otros dos poderes constitucionales y algran poder fáctico del país, el Jefe del Ejecutivo hondureño no podíaconfiar más que en la fuerza -entiéndase como presión, no comoagresión- de sus seguidores en la calle. Deponer a un  Presidente conaltos niveles de popularidad por convocar un referéndum y mandarle a sucasa puede ser todo lo constitucional que ustedes quieran... pero esuna autopista segura hacia la guerra civil. De ahí la necesidad deinventarse una renuncia surrealista, de expulsarle físicamente del paísy de mantenerle a toda costa fuera del mismo.

 ¿Y qué va a pasar ahora? Pues que el nuevo Presidente de Honduras va aterminar el mandato de Zelaya. Según la Constitución,  Zelaya acabaríasu mandato en Noviembre del presente año con una convocatoria deelecciones  (que en este caso deberían contar con una abrumadorapresencia de observadores internacionales) y el nuevo Presidentetomaría posesión de su cargo en Enero de 2010. A partir de ese momento,Zelaya perdería cualquier legitimidad que constitucionalmente pudieracorresponderle en favor del nuevo Presidente electo y Honduras deberíavolver a salir del aislamiento internacional al que le han sometido laOrganización de Estados Americanos, la Administración Obama y lamismísima ONU. Si elllo sucede, todo debería ir bien.

No obstante, desde este blog creemos que el culebrón Zelaya no ha hechomás que empezar y que desde luego no tendrá su final en Enero.La personalidad de sus aliados más firmes así me lo hace presagiar. Al tiempo.

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