Viernes, 08 de mayo de 2009

Siempre tiene que haber alg?n pelma tocando las narices.

Vivimos en un país de pelmazos, gobernado por una generación-coñazo de cincuentones que en cuanto peinan canas se creen que cualquier cosa les está permitida. En esta ocasión, se trata de meterse con los organizadores de una fiesta en la que un puñado de adolescentes repletos de hormonas  decidió participar en un juego organizado consistente en "subastar" a cambio de dinero del Monopoly a las chicas que se atrevieran y les diera la gana subir a bailar a la plataforma.

Se trata, en definitivam de un concurso de belleza poligonero y cani. Sin alcohol ni tabaco, por llevarse a cabo en horario "light". Un juego de adolescentes tan tonto como cualquier otro.  Y un "escándalo" que hace que la Fiscalía de Menores de Andalucía inicie una "investigación" sobre no se sabe muy bien qué, porque está claro como el agua no solo que no hay delito alguno, sino que alguien se está metiendo donde no le importa.



En un ataque de perturbación mental, el Defensor del Pueblo Andaluz, untal Chamizo, ha terciado en la polémica para decir que va a intervenir para evitar que estas fiestas se vuelvan a repetir.Dice Chamizo que "se ha perdido la cabeza".  Me gustaría saberexactamente como va a impedirse la celebración de fiestas ocelebraciones con concursos de belleza entre sus participantes comoreclamo. ¿Cómo va a lograr Chamizoque la sociedad, esa niña revoltosa ymalcriada tan poco sumisa a los sesudos dictámenes del feminismorampant, "recupere" la cabeza que "ha perdido"? ¿Enviando a los GEOS?

Resulta que el mismo establecimiento monta un concurso de minifaldas. Y la Delegación de Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía pone el grito en el cielo por "una actitud machista que no debemos permitir". Nuevamente, la Administración Pública metiendo las narices donde nadie le ha llamado. Porque por supuesto, la Delegación de Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía no tiene nada que decir sobre las "subastas de solteros" y los "concursos de bermudas" que se celebran con la misma frecuencia en ese mismo local. Se trata, única y exclusivamente, de tocar las narices y amedrentar a la opinión pública con espantajos de falso progresismo.

Este post va de pelmas tocando las narices. De pelmas cincuentones, de pelmas andaluces y, concretamente, de pelmas granadinos. La siguiente de la lista es la madre que ha denunciado al bar que sirvió alcohol a su hijo de 15 años. En este caso, además de una pelmaza, estamos ante una señora haciendo dejación de sus más elementales funciones. ¿Qué hace un chaval de 15 años por las calles sin una mínima educación respecto a lo que es el consumo de alcohol? Su madre, desde luego, no se la ha dado: Está demasiado ocupada poniendo denuncias a locales cuyo negocio es, precisamente, la venta de alcohol.

Locales a los que el Estado ha impuesto, en consonancia con los deseos de esa madre-pelmaza incapaz de educar a su hijo, la obligación policial de vigilar que los menores de cierta edad fijada según criterios absolutamente arbitrarios, realicen efectivamente consumos absolutamente contextuales a la cultura española. Consumos contra los que ninguna Ley puede ser eficaz. Los menores siguen bebiendo alcohol en todos los puntos de la geografía nacional. Exactamente igual que los norteamericanos siguieron haciéndolo con la Ley Seca.

 La cultura no se elimina por Dcreto-Ley. Aunque siempre habrá algún pelma tocando las narices.  

Comentarios

Añadir un comentario