Mi total apoyo a la desvergüenza de Ana Pastor
Doña Ana Pastor ha votado en favor de la admisión a trámite en el
Congreso de los Diputados de una proposición no de ley para la
reprobación de Benedicto XVI y ha tratado de justificarlo diciendo que
el ordenamiento jurídico la obliga a votar a favor de la admisión de
cualquier propuesta. Luis del Pino ha dedicado unas breves líneas -no hacen falta más- a descalificar por completo esta postura desvergonzada y ofensiva para las creencias de una gran mayoría de los españoles. Sin embargo, a pesar de estar de acuerdo con las formas y el fondo de lo defendido por Luis del Pino y otros, la postura de Ana Pastor me parece muy bien. Porque Ana Pastor, aun pintándolo luego de colores, ha sido coherente con las creencias que ha defendido siempre tanto en su vida privada como en sus actuaciones públicas como Ministra de Sanidad. Infinitamente más coherente consigo misma, desde luego, que esa Jerarquía eclesial acomplejada y malminorista que ha permitido y sigue permitiendo su desactivación política a manos del PP.
No tienen derecho a esperar ninguna otra cosa los señores Obispos. Con sus silencios y apoyos tácitos a un partido abortista, laicista y amoral como el PP, con su constante negativa a apoyar ninguna otra alternativa política realmente acorde con su doctrina, los pastores de la grey católica española han ido cavando, paladita a paladita, los cimientos de situaciones como esta: El intento de ICV de abofetear a los católicos sigue adelante gracias al voto favorable de la desvergonzada Ana Pastor y la lamentable Celia Villalobos.
No nos engañemos: El Congreso de los Diputados del Reino de España carece de la más mínima legitimidad moral para simplemente entrar a debatir -no digamos ya a votar- una reprobación ni a Benedicto XVI ni a ningún otro Pontífice de la historia, habiéndolos habido pésimos. Una reprobación del Congreso contra un Papa sería el equivalente legal al papel higiénico de no haberse suprimido la edición escrita del Boletín Oficial del Estado. Pero en Añastro deben tener meridianamente claro que esa reprobación que va a debatirse en el Congreso no es sino un fruto más de los que provienen de ese malvado árbol del malminorismo y de la renuncia a la orientación política de los fieles que vienen practicabdo masivamente nuestros señores Obispos.
Ana Pastor es desvergonzada, pero coherente. Pedirles a los Obispos que sean coherentes está de más. Pero lo que sí puedo hacer es pedirles, de una buena vez, que pierdan también la vergüenza. A ver si con muchas desvergüenzas como las de Ana Pastor se les ocurre reaccionar.











