Jueves, 02 de abril de 2009

Rajoy no tiene respuestas para nadie

Atrapado en un cerco que muy posiblemente él mismo contribuyó a iniciar, Rajoy se encuentra en la incomodísima posición de tener que mantener en sus puestos -de máxima responsabilidad y confianza- a dos imputados en la Operación Cacería: El histórico del Partido, Tesorero del mismo y recopilador de dossieres, Luis Bárcenas y el eurodiputado Gerardo Galeote. La defensa de Rajoy no puede ser más débil: "Nadie podrá probar que no son inocentes", ha declarado. Magnífico ejemplo de declaración que empeora las cosas más que las arregla.

Porque la marea de la causa general de Garzón contra el PP ya no se limita a pequeños cargos de confianza o amigotes de Alejandro Agag de los que uno se podía desembarazar sin demasiados problemas a la menor insinuación de que figuran en el sumario. Ahora estamos hablando de cargos electos. De Senadores, de eurodiputados y de parlamentarios regionales madrileños  que exigen -con razón o sin ella, lo dirá la Justicia- la misma protección que el PSOE otorga a los suyos: Nada de retiros forzosos, respeto absoluto a su presunción de inocencia y desde luego dimisiones ni de broma. Normalmente, la palabra del líder vale para forzar una dimisión con la promesa de que, de salir inocente, el dimisionario obtendrá una nueva sinecura. Pero la situación de debilidad de Rajoy hace que la promesa de uncarguito futuro, viniendo de él, no valga nada.

Mientras tanto, Alberto Ruiz-Gallardón guarda silencio por una vez. Es la opción más acertada y que le asegura que el liderazgo del PP le va a caer en las manos como una fruta madura. Siempre y cuando, claro, su Ayuntamiento no se vea forzado a declararse insolvente por la astronómica deuda que acumula. Deuda que, según su teniente de Alcalde -y según este mismo blog- hemos refrendado legislatura tras legislatura los madrileños con nuestro voto mayoritario. Cruel paradoja que los electores madrileños hayamos refrendado la ruina de nuestro consistorio.

En esta situación, es absurdo pretender que Rajoy tenga respuestas para nadie. Menos aún para esa buena señora que le preguntó en TVE si pensaba ganar las elecciones por aburrimiento o por milagro. Y me hubiera gustado que se definiera. Aunque para lo que ha hecho en CajaMadrid, que se reduce a aceptar la ayuda de Zapatero para impugnar la Ley de Cajas de Aguirre e impedir así que la presidenta madrileña se haga con el control de la entidad, más le valdrá seguir instalado en el no sabe/no contesta.

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