Martes, 10 de marzo de 2009

G?nova paga traidores

Ha tenido que ser el diario El Mundo el que acudiera presuroso a romper el cerco al que PRISA y Génova tenían sometida a Esperanza Aguirre. Que un ex-consejero de Aguirre repescado por Rajoy se dedique a filtrar dosieres falsos contra su Presidenta regional y que el líder del Partido tenga la desvergüenza de encargar la investigación interna a otra ex-consejera de la Comunidad de Madid como María Dolores de Cospedal debería calificar por sí mismo a Rajoy para colocar su foto en el diccionario de la Real Academia junto al adjetivo "desvergonzado".

La estrategia de repescar altos cargos opositores para tu propio equipo, con objeto de utilizarlos luego como ariete y suministradores de información clave sobre el adversario es poco frecuente en democracias maduras... a la par que muy común entre los sátrapas africanos.

Teodoro Obiang, por ejemplo, hace  entrar como ministros en cada remodelación de su Ejecutivo a dos o tres opositores repentinamente convencidos de las bondades del régimen guineano. Los "gabinetes de concentración nacional" que se forman de forma habitual en zonas conflictivas o inestables del continente negro son, de hecho, poco más que alianzas de sátrapas y ladrones que, en su búsqueda de legitimación internacional, dejan en muchísimas ocasiones literalmente tiradas a sus bases o aliados a cambio de poco más que un sueldo fijo o un coche oficial.

En la antigüedad, Roma no le hizo ascos a emplear los servicios de traidores. Más tacaña fue, en ciertos casos concretos, a la hora de pagar las prebendas prometidas. En tiempos más modernos, Carlos I de España y V de Alemania se benefició del cambio de bando del Condestable de Borbón, Don Carlos III en un momento clave de la contienda que enfrentaba al Emperador alemán con Francisco I de Francia. En cambio, dos Imperios y cuatro siglos después, de muy poco les sirvió a los nazis la deserción a su bando del locutor británico Lord Haw Haw, quien terminó ahorcado por alta traición en Londres tras haberse pasado los seis años de la guerra, hasta la mismísima entrada de los Aliados en Berlín, radiando propaganda de guerra nazi para desmoralizar a la opinión públlica y fuerzas armadas británicas.

En el mundo moderno y civilizado, las grandes multinacionales tienen la costumbre de hacer firmar a sus directivos leoninas cláusulas de secreto y prohibiciones de irse a trabajar para la competencia durante plazos de tiempo que pueden llegar hasta varios años. Por supuesto, las altas remuneraciones y exhorbitantes blindajes de estos ejecutivos hacen que ninguno se queje de estos auténticos seguros anti-traición.

Los grandes partidos españoles ligan sí o sí a sus cargos electos mediante una aplicación estricta de la "Ley de Hierro" oligárquica que describió Robert Michels y que conocemos, no se sabe muy bien porqué, como "Ley de Bronce de los Partidos Políticos". El pavor a perder el control de sus propias estructuras es tal que han llegado a convertir, mediante pactos privados entre los partidos elevados a la categoría de Ley por ellos mismos, en paria y marginado político al electo tránsfuga que decide votar por su cuenta y riesgo.

Sin embargo, muy poca defensa tiene quien, asediado desde la dirección de su propio Partido, se enfrenta a una guerra de dossieres elaborados y confirmados falsamente y a sabiendas por sus ex-colaboradores. Los leales a Aguirre, agrupados en torno al Gobierno de la Puerta del Sol,  saben que están metidos en una guerra de desgaste en la que Génova sí paga traidores.

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