Lunes, 09 de marzo de 2009

Cuando el Gorila acierta la hora.

El sátrapa venezolano Hugo Chávez ha calificado a Aznar de "fracasado fascista". Al Gorila Rojo le pasa como a los relojes parados: Un par de veces al día, por pura casualidad y sin ningún mérito propio, acierta la hora. Claro que, de no ser porque gobierna un país al que está poco a poco privando de libertad, Hugo Chávez sería un personaje tan ridículo que  sus declaraciones no merecerían ni el menor comentario. Pero el caso concreto es que sí lo merece, y más cuando el trasfondo del asunto es cierto: Aznar no es ningún "fascista", pero lo cierto es que en lo relativo a su política exterior, es un completo fracasado que intentó jugar a ser la Margaret Thatcher española y pasará a la Historia, en esta materia, como un lamentable palmero de la política exterior aventurera practicada por los Estados Unidos en los últimos tres lustros y como un aventurero internacional por derecho propio.

Efectivamente, las perlas en política exterior de José María Aznar no conforman, ni mucho menos, un legado de éxitos. Su apoyo a la intervención de la OTAN en la ex-Yugoslavia dejó dos Estados musulmanes (Bosnia y Kosovo) enclavados en el corazón de Europa. Una Serbia humillada, cercada y con sus poblaciones dispersas y perseguidas por doquier. La problemática de Kosovo, además, ha sentado un precedente peligrosísimo que diversas potencias van a utilizar -y han utilizado ya- para reordenar fronteras a su antojo en sus áreas de influencia.

En lo relativo a la ex-Yugoslavia, por lo tanto, Aznar fue estúpidamente engañado o deliberadamente hipócrita... y ha logrado, efectivamente, un fracaso total derivado de la partición ilegal de Serbia, que no augura nada bueno para la estabilidad futura de la zona. Ni del mundo.

El segundo fracaso de Aznar en política exterior fue su apuesta decidida por la integración en Europa de los antiguos países del Bloque del Este europeo. Emanada directamente del deseo norteamericano de aislar a la Federación Rusa de su bloque de aliados tradicionales. El resultado ha sido una Unión Europea a 27 ingobernable... y a la que ahora le toca cargar con el puro y simple lastre que supone la "Nueva Europa" de la que con tanta desvergüenza se hablaba desde la Administración Bush.

El lastre rumano, polaco, búlgaro o checo lo vamos a pagar entre todos. De hecho, lo hemos pagado ya en gran medida con relocalizaciones industriales hacia el Este y desplazamiento de minorías inintegrables hacia el Oeste.

La invasión de Irak, un país amigo de Europa que vendía su petróleo en euros, es otro fracaso de la política exterior española en la época de Aznar. Se comprometió el flujo regular del petróleo iraquí hacia Europa para que las petroleras americanas explotaran directamente los ricos yacimientos iraquíes y volvieran a venderlos en dólares. Por otra parte, la pacificación de Irak que está lograndose en cierta medida, tiene cimientos de barro y se asienta en poco más que la coacción pura y simple sobre los líderes tribales y políticos iraquíes. Se ha condenado a Iraq a la inestabilidad y el polvorín iraquí volverá a estallar, con visos de guerra civil, más pronto que tarde.

Afganistán es un fracaso aún más evidente. Se derribó el régimen de los talibanes para imponer uno basado en esto, esto y esto. La de Afganistán no fue una guerra librada por la libertad, ni contra el terrorismo islámico sino, descaradamente, una guerra librada por el tránsito del petróleo centroasiático hacia el Índico. Importantísimo objetivo geoestratégico para los Estados Unidos... pero que a Europa yEspaña le importa un comino y en virtud del cual mantenemos soldados españoles en mitad de ninguna parte al servicio de una potencia extranjera, al mejor estilo de la Liga del Peloponeso.

Desde luego, cuando uno está dedicado a apoyar aventuras imperialistas extrañas, no es raro que le entre la tentación de perseguir las suyas propias. Aznar tuvo, en este sentido, otros dos fracasos garrafales: El fallido Golpe de Estado en la propia Venezuela en el año 2002 y el apoyo prestado al delirante intento golpista protagonizado por el chiflado Severo Moto en Guinea Ecuatorial en el año 2004. El ridículo final político de Severo Moto, y su patético epílogo,  queda apilado directamente sobre la cabeza de quien le apoyó durante años, pese a que los antecedentes aventureros del personaje vienen al menos desde 1997, cuando le pillaron a bordo de un barco que salió de Angola cargado de armas y municiones para otra intentona golpista.

En definitiva, fascista no, pero desde luego fracasado en lo relativo a su política exterior... indudablemente sí. Como al burro al que le sonó la flauta, el reloj parado del Gorila Rojo ha acertado la hora por esta vez.

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