Jueves, 05 de febrero de 2009

Rajoy empantana en las cloacas de G?nova

Me da en la nariz que Esperanza Aguirre ha engañado (o, peor aún, parado los pies en seco) a Mariano Rajoy como a un chino con la apertura de una comisión de investigación en la Asamblea de Madrid acerca de los espionajes y los dossieres de los que ya hablamos. De entrada, porque no me creo ni por asomo que Aguirre vaya a entregar la cabeza de Francisco Granados, como afirma por ejemplo Ignacio Escolar. Veamos porqué:
En primer lugar, como ya apuntamos, la posición de Génova (Rajoy+Gallardón) en esta historia es más que dudosa. El hecho de que la supuesta "bomba" informativa estalle en mitad del asalto a Caja Madrid y con PRISA como infantería ligera hace pensar en una operación de desgaste directa contra Esperanza Aguirre. Que controla el BOCAM y la Asamblea de Madrid.

A esta dudosa posición de Génova se suma la existencia de dossieres diversos recopilados ni más ni menos que por el tesorero del Partido. Dosieres de los que Rajoy habló a Aguirre en un momento tan curiosamente cercano al Congreso de Valencia que no puede ser casualidad. Por otra parte, tanto Gallardón como Rajoy dieron credibilidad a las informaciones de PRISA y el segundo decidió incluso encargar una investigación interna a María Dolores de Cospedal.

 Esa investigación interna obviamente no iba a aclarar ninguno de los aspectos en los que Aguirre quiere incidir y que se resumen en la extrema gravedad de que su número dos esté siendo sometido a seguimientos, investigaciones y dosieres ordenados o al menos recepcionados desde Génova.

 Por ello, mi tesis es que Aguirre deja en fuera de juego a Cospedal poniendo la investigación política en manos de la Asamblea de Madrid, órgano controlado por el PP madrileño, en el que Doña Espe carece de contestación interna. Las conclusiones de la Comisión de Investigación serán, por lo tanto, las que la mayoría parlamentaria del PP de Aguirre quiera que sean. Y Aguirre se reserva la -gravísima- baza de aceptar que dicha Comisión llame a declarar a Mariano Rajoy como conocedor de los dosieres genoveses.

 Con una Comisión de Investigación que a la postre va a controlar ella misma y con un sumario en el Juzgado de Instrucción ,que se va a resolver en un clamoroso owned contra el periodista de El País que destapó el "notición",  es más que dudoso que vaya a haber ninguna razón para entregar la cabeza de Francisco Granados. Y menos todavía habrá para entregar la de un Ignacio González que es en todo caso víctima de un espionaje político que -cada vez está más claro- solo beneficia directamente a Génova.

 En cuanto a las sospechas sobre los manejos de González, me temo que no tienen relevancia penal. Las cinco preguntas que le hace el periodista Manuel Rico son el chocolate del loro. Pagar un billete de avión con 8000 euros en metálico o tener una caja de seguridad en el Barclays no es delito y nisiquiera me parece grave desde el punto de vista político. Las adjudicaciones a amigos o socios de su familia son siempre explicables en nuestro lamentable entramado autonómico en base a criterios técnicos o administrativos difícilmente atacables.

La trampa de Rajoy a Aguirre ha sido demasiado obvia. Y de aquí a junio, la cabeza que más se va a pedir en el PP va a ser la suya.

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