Alí Babá y nuestros banquitos regionales
Remite Jesús Salamanca, con un titular que muy bien podría haber firmado yo mismo, a un magnífico artículo aparecido en El Economista Accidental sobre la situación de las Cajas de Ahorro de Castilla y León. Nada que no supiéramos ya hace tiempo, pero que respaldado por datos y por un análisis cualificado sobre los mismos, acojona considerablemente. Cabe preguntarse cual es el futuro de la fusión de la fusión de las Cajas de Ahorro de Castilla y León, pero no cabe duda cual es el presente de las entidades fusionadas: Están todas (excepto tal vez Caja Círculo de Burgos) simplemente para el arrastre. Sobre lo que no cabe ninguna duda es el hecho de que estas Cajas están acudiendo en busca de liquidez a las subastas de activos del Gobierno. Que, curiosamente, no computan en las balanzas fiscales de los diversos territorios y están suponiendo un trasvase de renta para favorecer no al más pobre, sino directamente al más zoquete y corrupto. Si Caja Ávila y Caja Segovia (por no mencionar a Caja Duero) están como nos cuenta el blogger -y no tengo razón para dudarlo en el caso concreto de Caja de Ávila- no quiero quiero ni pensar como deben andar las cajitas andaluzas, la CAM o la de Castilla-La Mancha, por no mencionar a mis queridas amigas las Cajas Canarias, que es de esperar sigan la senda de buen gobierno que predica su clase empresarial.
El desgobierno autonómico desembarcó en 1978 en la banca pública regional. Que se ha regido con criterios políticos y caciquiles, muy segura de que al final, sus agujeros los íbamos a reparar todos vía BOE.












