S?bado, 13 de diciembre de 2008

?Cr?ditos inmobiliarios? ?Cr?ditos al consumo? Pues va a ser que no...

Resulta que los bancos, que no son idiotas, se niegan en redondo a dar créditos para la compra de pisos sobrevalorados y coches imposibles de pagar. De hecho, las subastas de activos promovidas por el Gobierno demuestran que quienes tienen prisa, muchísima prisa, por vender sus "activos de calidad" son, de forma abrumadoramente masiva, las Cajitas de Ahorros. Es decir, esos entes financieros controlados por políticos que han dado créditos con criterios políticos de "integración social" y de puro y simple amiguismo. Vean si no lo creen el listado de entidades que acudieron a la segunda subasta del Fondo de Adquisición de Activos financieros. Vean también el de la primera. ¿No era que nacionalizando la banca y dejándola en manos de políticos se arreglaban todos los problemas? Pues va a ser que no.

 Pero Pepiño Blanco, el inefable fustigador de regres, tiene la solución perfecta: Amenazar a los bancos que no concedan créditos y no bajen el precio del dinero con "medidas extraordinarias". El mensaje es claro: Ud. tiene que perder dinero otorgando créditos absurdos a intereses arriesgadísimos. No me digan que no es genial. Argumenta Blanco que no se puede dejar caer el tejido productivo. A buenas horas mangasverdes. Tras dos décadas de abrir las aduanas de Europa a la deslocalización masiva de industrias, Pepiño pretende que los bancos sigan financiando la actividad de empresas que  compiten  con los niveles salariales de Tánger, China o Ucrania.

 Pero más grave que este nivel de estupidez elemental, tenemos la ceguera a la verdadera realidad de la situación: La crisis no es de crédito. La crisis es esencialmente inmobiliaria. Las empresas con problemas han venido desde hace años ampliando sus líneas de crédito en base a aumentos valorativos absurdos en las tasaciones de sus inmuebles. Hay que asumir que los guarismos contables que representan el valor de los inmuebles simplemente deben corregirse hacia valoraciones más ajustadas a la realidad del mercado. Y asumir contablemente esas pérdidas. Que van a suponer, seguro, quiebras de empresas y pérdidas de empleo. La activomanía inmobiliaria ha terminado. La era de la construcción como motor económico de España (¿alguien puede decirme algún país que se haya desarrollado en base a la construcción de pisitos?) se acabó.

 Y se ha acabado también el dinero barato. Vamos a volver en estos años a la ortodoxia crediticia y en las valoraciones inmobiliarias. ¿Créditos inmobiliarios? ¿Créditos al consumo? Va a ser que no.

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