Ya es hora de que los andaluces se costeen sus caprichos
He hablado en varias ocasiones de la absoluta desvergüenza del escalafón político autonómico. Especialmente del imperante en Andalucía. Pero es que hay copsas que son tan descaradas, que se realizan con una pretensión de impunidad tan grande que merecen volver a comentarse. Y empezar a tomar conciencia de una situación sencillamente insoportable. La última ha sido en Andalucía. Donde ha quedado demostrado en una sentencia judicial que la responsable de la empresa de seguridad privada Segurisa en la Diputación de Granada fue despedida de forma improcedente por (agárrense los machos) ¡negarse a despedir gente para contratar militantes del PSOE!. Así como suena.
La descentralización autonómica tiene ventajas. Pocas, pero alguna tiene. La esencial es que uno no tiene que convivir en toda España con los mismos niveles de desvergüenza política y administrativa. Hay entes autónomos en España que son fiel reflejo de sociedades absolutamente enfermas. La esclerosis extremeña, la esquizofrenia vasca, la fiebre inmobiliaria valenciana... y el priísmo andaluz. Estoy harto de financiarlos con mis impuestos. Pero algunos casos son más indignantes que otros. Estoy realmente harto de financiar esa mezcla de sovietismo y bolivarianismo que realiza la Junta de Andalucía a base de detraer recursos al resto de España. Si a los andaluces les gusta vivir así, perfecto. Pero me niego a seguir pagándoselo.
Bien sé que una de las consecuencias de esta crisis económica va a ser, sin duda, la recentralización fiscal. Pero ya lo siento. Porque es hora de justo lo contrario: De que los andaluces se costeen política, social y económicamente sus caprichos y las demagogias de sus líderes. Ya está bien.












