Lunes, 13 de octubre de 2008

Cuando el Gran Hermano tiene un Bolet?n Oficial.

Alberto Ruiz-Gallardón ha decidido que  ejercer de hombre-anuncio es una ocupación indigna y la prohibirá en Madrid a partir de 2009. La Generalitat de Cataluña ultima una reforma de Código Civil catalán que obligará a los padres de niños adoptados a comunicarles que no son biológicos "cuando tengan edad para entenderlo y, en todo caso, a los doce años". El PSOE planea "regular" la objeción de conciencia de los médicos. Mientras, el Ayuntamiento de Sevilla multa con 100 euros por charlar en la calle "rompiendo el silencio de la noche".

¿De dónde sacan los políticos la idea de que poseen la menor legitimidad para legislar sobre cosas como estas? No de la Constitución, desde luego. Ni de ninguna concepción doctrinal sana de lo que es la actividad política. Pero el caso es que todos, derechas, izquierdas o separatistas, se dedican a legislar e intervenir descaradamente en las facetas más íntimas de personas, familias o empresas. Y no son estos los únicos casos en los que un Gran Hermano controla un Boletín Oficial y lo utiliza para meter las narices donde nadie le llama.

Vivimos en un Estado con pretensiones omnímodas. Con una actividad legislativa prodigiosa. Que aspira a controlar todas las facetas posibles de nuestras vidas. Lo escandaloso es que a nadie parece extrañarle la actividad de estos politiquillos, absurdos entrometidos empeñados en mirar permanentemente por encima del hombro de todo individuo, de toda la sociedad. ¿1984? No. 2008. Y lo que nos queda.

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