S?bado, 06 de septiembre de 2008

A prop?sito de Neira (actualizado)

Habla Orisson en su blog del profesor Jesús Neira, quien sigue en coma y en un estado cada vez peor tras recibir una paliza por parte de un niño-bien colocado hasta las cejas cuando se metió para evitar que el niño bien en cuestión siguiera zurrando a su pareja. Incidente sobre el cual el otro día leí la opinión de la presuntamente defendida, Violeta Santander, declarando -agárrense, que vienen curvas- que la culpa de que Neira estuviera en coma la tiene él mismo porque nadie le había pedido que metiera sus narices donde no le llamaban. Dice que, además, está muy indignada por el acoso mediático. Cojonudo.

Actualización 6 de Septiembre a las 23:14 - Ya la tenemos en un plató de Telecinco ("La Noria"). Ganando pasta por decir que ella no era víctima de agresión alguna.  Ni quiito ni pongo nada en el resto de la entrada, que sigue plenamente vigente.

¿Qué es lo progre en este caso? ¿Proclamar que Violeta Santander, la pobre, sigue actuando presa de la parte psicológica de todo maltrato cuando ataca a quien la defendía? Parece que sí. Pero esta tesis solo podría servirnos como explicación si efectivamente se demuestra que esta señora está más sonada que las maracas de Machín. En caso contrario, puede hacer fortuna por los platós de televisión: "Me gusta que me maltrate mi novio y no, no estoy enferma".

Porque la paradoja es precisamente esa: Si no se logra demostrar que Doña Violeta está de frenopático, encima nos vamos a encontrar con que Jesús Neira ha hecho el indio, medalla o no medalla. Una cosa es el Síndrome de Estocolmo y otra muy distinta es estar de acuerdo y cooperar con tu propio secuestro.

El agresor tiene dos juicios mediáticos a la vista: Uno por la paliza a Neira. Otro, por el maltrato a su pareja. Mucho ojo a este segundo juicio. Tolerar tu propio maltrato, defender a quien lo ejerce sobre ti y atacar a quien trata de defenderte del mismo deja muy pocas salidas al derecho penal.  Recordemos el caso de la violada que pidió ante la mismísima Audiencia Provincial de Madrid la absolución de su presunto violador, declarando que solo denunció por si estaba embarazada. ¿Cómo pasará Jesús Neira a la historia judicial española si el agresor a quien intentó detener sale absuelto de los presuntos malos tratos a su pareja que Neira intentó evitar?

Porque el otro juicio, el que corresponda por la agresión (o muerte) de Neira que esta mujer va a asistir como testigo. Según sus últimas declaraciones, su testimonio va a intentar defender a su agresor y lograr que salga lo más limpio posible de la paliza -y posible muerte- de quien saltó a defenderla.

 Estoy cansado de verlo: Mujeres que pura y simplemente toleran y aceptan como normales los malos tratos que sufren. La mayoría son extranjeras que solo acuden a la Justicia ante situaciones de puntual gravedad, pasadas las cuales vuelven con sus parejas. ¿Y qué hacemos cuando conocemos casos de maltrato tolerado? ¿Aplicamos la intervención mínima y miramos para otro lado hasta que la víctima, al menos, pida auxilio? ¿O cargamos lanza en ristre como marcan los cánones de la caballería por una vez coincidentes con los del progresismo imperante?

 La discusión de fondo es si es legítimo o no el hecho de permitir, de tolerar o incluso de cooperar en agresiones físicas contra uno mismo y si el Derecho Penal debe intervenir en esos casos. Nuestro Código Penal nos obliga a intervenir. Mi sentido de la ética me impulsa a hacer lo mismo. y a negar a cualquiera el derecho a suicidarse o a tolerar agresiones.  Pero la realidad de casos como estos y la intervención mínima pueden llevarnos a otras conclusiones.

 Sin ir más lejos, el caníbal de Rottemburgo no pudo ser condenado a más de ocho años de cárcel y el derecho a disponer de la propia vida en el que yo no creo, pero que conforma la base teórica para solicitar el reconocimiento legal del suicidio asistido (eutanasia) o de la compraventa de órganos entre personas vivas. Derechos aberrantes defendidos igualmente por progres de derechas y de izquierdas. Que en el caso de Neira, me temo, se han encontrado con que se les caen los palos del sombrajo.

De momento al profesor Neira, a quien le deseo una pronta recuperación,  le han otorgado una Medalla al Mérito Civil por saltar a defender a Violeta Santander porque la estaban maltratando en plena calle. Solo falta que el Juzgado de Violencia de Género encuentre argumentos suficientes para confirmar mediante Sentencia que tal maltrato existía y dejar en evidencia el  apresurado oportunismo de quien otorga una Medalla al Mérito Civil por una intervención para detener una agresión que no deja de ser supuesta hasta que un Juez declare otra cosa.

Porque si no, resultará que se ha jugado la vida -o incluso la ha perdido- en balde.

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