El crimen ecológico del precio mínimo
Un gobierno irresponsable decidió que, visto que determinadas especies de pescado no reportaban suficiente beneficio a los pescadores, lo mejor y más sensato era... un precio mínimo de venta. Cruel insensatez que ha provocado ya que 26000 kilos de merluza hayan sido arrancadas de su medio natural, que es el mar... solo para ser arrojadas a la basura porque nadie está dispuesto a pagar el precio mínimo que fijó para ellas la Unión Europea. Difícilmente se puede imaginar una forma más estúpida de despilfarrar recursos naturales pesqueros. Lo siento mucho por los pescadores guipuzcoanos, pero el establecimiento de precios mínimos para cualquier producto es una burrada... y el tener que arrojar a la basura 26 toneladas de un pescado que no sobra en los mares es una de ellas.
De lo que estoy hablando aquí es de una puro y simple irresponsabilidad ecológica. De un despilfarro criminal de recursos escasos. Y de una falta de caridad supina ¿Tanto cuesta desviar algo de dinero público -o, mejor aún, permitir con desgravaciones fiscales que lo hagan empresas privadas- para envasar ese pescado y mandarlo al tercer mundo?
La intervención estatal en forma de medidas estúpidas provoca situaciones aberrantes como esta. En vez de poner al alcance de los consumidores merluza a mejor precio, los pescadores las arrojan al mar para que su valor suba hasta el precio mínimo marcado por cualquier sabihondo de Bruselas que ha decidido que es mejor eso a que el precio baje por debajo de los 3,60 euros/kilo. No vaya a ser que algún pescador tenga que dejar el negocio. Empiezo a pensar que estamos hablando de cabrones como los camioneros.
. Al abrigo de la subvención pública y del precio mínimo. Los ecolojetas en acción, por supuesto, ni están ni se esperan. Que en el mundo animal hay clases y las merluzas son reaccionarias.












