Jueves, 07 de agosto de 2008

R?e, caminante: Por aqu? pas? la Burbuja Inmobiliaria (II) - La Ciudad Fantasma de El Pocero

 
Érase una vez que se era, en los inicios de la Burbuja Inmobiliaria allá por el año 2001... un pequeño municipio de 4.000 habitantes, limítrofe con la provincia de Madrid con una población dispersa y repartida entre diversos núcleos separados entre sí por vías artificiales: La Autovía de Andalucía, la vía férrea (por la cual pasaban, sin detenerse, los trenes), el quemadero de neumáticos de la provincia... En definitiva, un pueblecito bucólico, con un enorme peso del sector primario, tranquilo. Agradable para pasar una jornada de caza, un fin de semana rural o visitar a los parientes en las fiestas patronales.

 Ocurrió que a aquella villa tuvo a bien ir a parar uno de los varios emprendedores que crecerían al calor del crédito barato y el aumento absurdo del precio del ladrillo: Francisco Hernando, "El Pocero". Cuando este empresario llegó a Seseña, solo había en este municipio un señor con un burro. Y claro, aquello no podía ser.

 Así que El Pocero decidió llevar el progreso y la felicidad a todos los habitantes de Seseña mediante el método más natural y lógico a su alcance: Construir 13.508 viviendas en mitad de un secarral próximo al quemadero de neumáticos al que se accedía por un camino de tierra. El sueño de Francisco Hernando consistía ni más ni menos que en multiplicar por cinco la población de Seseña mediante la construcción de un inmenso residencial  que llevaría su nombre. Porque, si aunque Cid declaró que "ancha es Castilla" en clara referencia a las inmensas extensiones de terreno sin urbanizar que existía  en esos contornos, El Pocero había descubierto que Seseña, de hecho, era infinita.

  El Pocero defendió la aberración urbanística que decidió acometer con el beneplácito de la Junta de Castilla-La Mancha como "una obra modelo de este país y un orgullo de todos los españoles". Pero sus ambiciones apuntaban mucho más alto: En septiembre de 2007, a punto de inaugurar la urbanización con una macrofiesta hortera a más no poder y todavía llevado en hombros por muchos de los compradores de sus viviendas, El Pocero afirmaba tener en proyecto la construcción de "una ciudad de más de un millón de viviendas" y que había "mucho joven sin vivienda en España".

Con este último argumento justificaba su obra nuestro protagonista. Viviendas para jóvenes. A un precio de 33 millones de las antiguas pesetas para una vivienda en medio de la nada, sin hospitales, con problemas para dar de alta servicios básicos como luz, agua, teléfono..., con la única esperanza de conseguir trabajo, desplazándote todos los días a Madrid. La inversión perfecta para cualquier joven nacional.

Por el camino, un racimo de querellas contra el equipo municipal de Izquierda Unida que se opuso al proyecto en todo lo que pudo. No había nada que hacer. El anterior equipo municipal, del PSOE, y la Junta de Castilla La Mancha ya lo habían dejado todo atado y bien atado. Las amistades de El Pocero eran influyentes.

Tanto, que Francisco Hernando se permitió el lujo de exigir al Alcalde de Seseña 46 millones de euros, una calle para él, un parque con el nombre de su mujer, ser nombrado Hijo Predilecto del pueblo y ser propuesto para la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.

Esto lo exigió en Julio de 2008. El mes pasado. Con la burbuja pinchada. Con 3000 pisos sin vender de los 5000 terminados o en constrtucción. Con el precio de todas sus promociones rebajadas linealmente  un 20%  para monumental cabreo de quienes ya habían comprado allí cinco meses antes. Con una ciudad fantasma a medio edificar y sin nadie viviendo en ella en mitad de la nada.

Llegó la Fiscalía Anticorrupción. Cuando se marchó, la lúgubre ciudad-fantasma de El Pocero todavía estaba allí. Monumento silencioso a la locura inmobiliaria de esta primera década del Siglo XXI, visible para todos los conductores que recorren la Autovía de Andalucía y para todos los viajeros que la ven pasar de lejos desde un tren que pasa por Seseña sin detenerse.

 

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