Domingo, 03 de agosto de 2008

La Rep?blica del Ecuador: Estado traficante de personas

En un breve interludio de mis vacaciones que me hará estar por Madrid hasta el lunes me entero de que un puñado de jennys de Colmenarejo han agredido a otra joven de 15 años sin que estén claros los motivos. Noticia intrascendente como las docenas de agresiones similares que suceden absolutamente todos los días. ¿Intrascendente? No. Porque la víctima en esta ocasión era ecuatoriana. Lo que automáticamente la convierte en víctima de una agresión racista.

Toda la progresía de opereta mediática se puso rápidamente las pilas en difundir este acto de racismo, xenofobia e incitación al Holocausto.  Solo la valiente regidora de Colmenarejo se opuso desde el principio a la tesis de la agresión racista. Y, como no podía ser de otra forma, el Embajador de Ecuador en España ha dejado ya su cagadita de mosca en la prensa nacional exigiendo ni más ni menos que una reunión con el Ministro del Interior. ¿Se imaginan ustedes que el Ministro del Interior tuviera que reunirse con un Embajador, Alcalde o Presidente de Comunidad de Vecinos cada vez que un puñado de barriobajeras dirime sus diferencias a puñetazos?

 El victimismo ecuatoriano acabó, en esta ocasión, aquí. No podía ser de otra forma tras descubrirse la nacionalidad ecuatoriana de una de las agresoras. Se terminó, por lo tanto, el espantajo del móvil racista. Menos mal.

 Pero los problemas del Ecuador persisten.  Porque... ¿A quién representa el Embajador de Ecuador en España? Pues ni más ni menos que a la clase política dirigente de un Estado traficante de personas cuyo primer negocio nacional es el recibir las divisas que les envían esos tres millones de ciudadanos (¡el 20% de su población!) que han exportado al resto del mundo.

 No es broma y los enlaces lo demuestran: La República del Ecuador y más concretamente su clase política corrupta han descubierto y utilizado de forma grosera, masiva y carente de escrúpulos la forma más sencilla de deshacerse de sus problemas, léase de una población joven y trabajadora a la que son incapaces de ofrecer justicia y oportunidades en su tierra: Facturarlos rumbo a cualquier tercer país que les acoja... y poner el cazo de las remesas de divisas que manden de vuelta. Hoy Ecuador, su economía, su población, su clase política entera... vive sostenida por los ecuatorianos residentes en el exterior.

A los que, por cierto, otorgan una representatividad mínima en su Cámara de diputados. No vaya a ser que su estancia en el Mundo Civilizado y Libre les contagie de ideas tan peligrosas como combatir la corrupción, poseer servicios públicos que funcionen o aprobar Constituciones defensoras de derechos civiles. Así que el 20% de la población ecuatoriana que reside fuera de su país elige la asombrosa cantidad de... 0 diputados al órgano legislativo del país. ¿Sienten acaso una vergüenza infinita de sí mismos los políticos ecuatorianos?.

Deberían, pero no lo parece, a juzgar por la reiterada sobreactuación del Embajador Ecuatoriano en España. O por la sobreactuación de su Ministra de Exteriores hace unos meses. O por todas las sobreactuaciones de ese conjunto de caraduras que forma la clase política del Ecuador... empezando por su Presidente, Rafael Correa, quien con ocasión de la agresión sufrida por una compatriota suya en un tren de cercanías hace unos meses tuvo la ocurrencia de decir que su país "está dispuesto a ayudarlo [al agresor] para que supere sus problemas".

Este ofrecimiento del Jefe de Estado de un país incapaz de ayudarse a sí mismo  ya es bastante patético de por sí. Pero cuando encima lo combinamos con la presencia constante y creciente de centenares, miles incluso, de delincuentes ecuatorianos operando en España, formando bandas juveniles, estamos hablando ya de pura y simple caradura y parasitismo por parte de todo el aparato del Estado ecuatoriano en su conjunto, transformado en una máquina perfectamente engrasada con un único objetivo: Expulsar a sus ciudadanos del país y mantenerles fuera... pero enviando remesas. 

 Cualquier agresión callejera es un acto condenable y lamentable. Pero ya es hora de que empecemos a denunciar en voz muy alta el victimismo, la manipulación y el oportunismo de la clase política ecuatoriana, que viene necesitando desde hace mucho tiempo su propio "¿Porqué no te callas?"  de nuestras autoridades y nuestra prensa: Ecuador no tiene nada que enseñarnos y sí mucho de qué avergonzarse. Que empiecen por fomentar el retorno de sus emigrantes. Que soliciten la repatriación de sus ciudadanos condenados por delitos aquí, a quienes no tenemos porqué mantener. Y que corten de raíz la permanente falsificación de documentos públicos (sobre todo certificados de antecedentes penales) que permiten emigrar libremente a tantos y tantos criminales ecuatorianos con la aquiescencia de su clase política.

 Y que nadie más se confunda: Los políticos ecuatorianos han convertido la exportación de trabajadores y delincuentes en un pingüe negocio del que se alimentan ellos y el Estado Ecuatoriano en su conjunto. Viven a nuestras expensas. ¿Es mucho pedir que dejen de hacerlo?

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