¡Por fin tengo el carnet de conducir!
A la quinta, pero más vale tarde que nunca. A base de persevarancia y de dejarme unas pelas, he superado un examen en el que he tenido que mejorar hasta el mínimo aceptable por la DGT mis capacidades, en principio nulas, para la conducción. Mi primer examen terminó antes de tiempo. Teo, mi profesor de la autoescuela, tuvo que pisarme el freno para evitar que alcanzara a un coche situado delante. Yo estaba frenando y siempre me quedó la duda de si Teo no me convirtió una falta leve en una descalificación. En fin.
Pero no me rendí. En la segunda ocasión, todo fue bien hasta el aparcamiento. Aquí no hubo dudas: Si Teo no hubiera intervenido, me hubiera llevado por delante el retrovisor del coche de referencia. Punto redondo.
La tercera vez, demostré que yo mismo soy muchas veces mi peor enemigo. Un recorrido que conocía y un examinador absolutamente fácil que de hecho aprobó a la chica que se examinó conmigo, que no tenía ni puñetera idea. Me ordenó hacer una rotonda. La hice mal, aunque no me di cuenta. Me ordenó repetirla y no entendí porqué. Naturalmente, volví a hacerla mal. Me ordenó hacerla por tercera vez y yo, sin entender nada, llegué a la conclusión de que el examinador era una especie de excéntrico. Cateé, naturalmente.
Mi cuarto examen fue un desastre sin paliativos. Empezó lloviendo y luego paró. Yo me dejé el parabrisas funcionando y con un chirrido que helaba la sangre y siguió haciéndolo durante toda la prueba. Cometí además errores de bulto que convirtieron el Acta de ese examen en una verdadera tragedia griega: No solo refleja un deficiente manejo de los limpiaparabrisas, sino además un mal agarre del volante, una deficiente combinación de embrague+acelerador (se me caló una vez), un deficiente manejo del embrague+freno (se me caló una segunda vez) y un deficiente manejo de la caja de cambios (se me caló una tercera vez). Añadámosle a eso que me perdí (falta de atención a las señales verticales) y que me quedé atrapado tras un camionero rumano que sufrió una avería (lo que quedó reflejado en el acta como un daficiente mantenimiento de la distancia de seguridad, que me hubiera permitido cambiar de carril y esquivarle). Nada podía ir peor.
Y efectivamente, una vez tocado fondo, solo podía remontar. Mi quinto examen, el de hoy, ha sido perfecto. De Móstoles a Boadilla por la desierta carretera de Villaviciosa. Un par de vueltas por un municipio sin apenas tráfico demostrando que sé frenar el coche para que crucen la calle niños y ancianos... y Apto.
Ya era hora, digo yo.
Prueba de agudeza visual: Adivinar mirando esta entrada en menos de cinco segundos la marca y modelo del coche que pretendo comprarme.












