Mi?rcoles, 02 de julio de 2008

Un centenar de j?venes rompen cuatro cristales y unas puertas (ACTUALIZADO)

El problema es que fueron a elegir los de la Bolsa de Madrid y los han roto al grito de "Petroleras asesinas". Lo hicieron, al parecer, por mostrar su solidaridad con los pueblos del Sur, expoliados por las transnacionales.Y olé tacatá.


Naturalmente, se confunden de parte a parte. Los que expolian a los pueblos del Sur no son las transnacionales, ni siquiera las petroleras, sino pura y simplemente sus propios Gobiernos. Las odiadas transnacionales son, como mucho, cooperadores necesarios pero nunca autores.

Pero como presentarse en el Palacio Presidencial de Gadafi o de Kabila a romper cristales y exhibir pancartas es -digámoslo suavemente- un riesgo personal inasumible, eligen como blanco la Bolsa de Madrid. Que culpa tendré yo, que solo iba a comprar unas pocas telefónicas.

Este acto de violencia coincidió con la sesión inaugural del 19º Congreso Mundial del Petróleo, que se celebra en Madrid presidida por el Rey.

 Merece la pena dedicar una reflexión a las raíces íntimas del pensamiento de este tipo de organizaciones. ¿De dónde han sacado la idea de que la Bolsa de Madrid, o REPSOL-YPF o la Mobil tienen la culpa de nada? ¿De dónde les viene la idea de que con ese tipo de acciones se consigue algo?

 En mi opinión, la raíz de este tipo de comportamientos, su justificación ideológica, viene de las falaces tesis de Rousseau combinadas con las horrendas tesis de Marx-Lenin. Dos planteamientos absurdos y demostradamente fracasados, pero que siguen siendo considerados incontestables  por la infantería ligera del pensamiento único.

 Por una parte, la falacia del mito del buen salvaje. Rousseau era un suizo de habla francesa que prácticamente no viajó en toda su vida. Presentó a los indígenas de sudamérica, la polinesia o África como la suma de todas las virtudes... de los campesinos de su Suiza natal, quienes practicaban formas políticas mínimas (cantones y municipios con gobierno mínimo, amplísima autonomía y escrupulosa neutralidad y respeto a los asuntos y derechos ajenos) que Rousseau identificó para sus lectores con el tribalismo indígena. El problema, claro está, es que eso era mentira. No solo es que los "buenos salvajes" de Rousseau no eran ajenos ni a las formas más crueles de guerra, ni a las formas más básicas y burdas de superstición, ni a las formas más inhumanas de trato degradante.

 Son los islámicos quienes reintroducen la institución de la esclavitud en Europa a partir del Siglo XVI y lo hacen porque son las tribus nilóticas y bereberes quienes penetran en el interior de África en busca de esclavos. En muchos sentidos, puede decirse que es el supuesto "buen salvaje" de Rousseau quien contamina al hombre europeo moderno. El camino inverso no sucedió absolutamente en ningún caso y de hecho no existe ni un solo ejemplo de aportación positiva alguna de los supuestos "buenos salvajes" al acervo cultural y civilizador europeo, que sigue basándose esencialmente en la herencia de Grecia y Roma tamizada por el cristianismo y con alguna -escasa- aportación proveniente de Asia.

 La colonización de África durante los siglos XVIII y XIX, extendida hasta la segunda mitad del XX fue, sin paliativos, el peor negocio jamás realizado por Europa. La mayor inversión de capitales económicos, técnicos, intelectuales y humanos sin tasa de retorno alguna de la Historia de la Humanidad. Se trató, ni más ni menos, que de educar a un continente entero. Este continente exigió su  independencia y la obtuvo, como habían hecho las colonias españolas en América un siglo antes. Lamentablemente, los africanos no habían aprendido tanto como pensaban. Y así les va.

 A veces los pueblos cometen errores colectivos conjuntos.España tuvo uno -y muy gordo- en el 98. Fue un autoengaño masivo en el que la denominación de "muy fiel isla de Cuba" apenas tapaba la vergüenza de tener que enviar 100.000 soldados a forzar la españolidad de la última posesión americana. Los pueblos africanos cometieron otro exigiendo independencias cuando no estaban preparados para gestionar Estados soberanos.Son cosas que pasan. Pero la responsabilidad es de ellos, no de quien les concedió exactamente lo que querían cuando lo querían.

No obstante, la milonga del colonialismo y el neocolonialismo ha calado hondo en mucha gente: ¿Cómo va el buen salvaje a ser corrupto? Sin duda, la culpa es del malvado capitalista que le tienta. Rousseau ha degenerado en esto.

La otra mitad de su pensamiento es menos ingenua y más perversa. Se trata de la herencia del marxismo, que les impulsa a creer que los actos, incluso los de turbamulta,cometidos en defensa de supuestos derechos colectivos son positivos y sagrados en sí mismos. Esta excusa vale igual para asaltar la sede de la bolsa de Madrid que para, por ejemplo, asaltar el Rectorado de la Universidad de Sevilla con palos de hierro y hachas para llevar sus justas reivindicaciones ante la Junta de Gobierno de la misma, que se celebraba en esos momentos. O a defender al malvado Che Guevara, seguro que con argumentos sospechosamente paralelos a los utilizados por los militantes de Hamás que reciben con alborozo la noticia de que un nuevo "mártir" se ha hecho estallar en un mercado o un autobús.

 Actualización: Vía Fernando Díaz Villanueva, tengo no solo una imagen de los asaltantes, sino un interesante emplazamiento a Forges.

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