La última maldad del Obispo Uriarte
El Obispo Uriarte se debía creer muy listo tras otorgar su nihil obstat al libro de su amigo Pagola. Le importaba muy poco que su hermano el Obispo de Tarazona lo hubiera desaconsejado públicamente a los fieles de su diócesis, poniéndolo a caer de un burro en una carta pastoral ad hoc tildándola de "arriana". Lo que sí le preocupaba eran los rumores de que la Congregación para la Doctrina de la Fé había ordenado a la Conferencia Episcopal que tomara cartas en el asunto. Seguramente -debió pensar Monseñor Uriarte- quieran simplemente evitar el escándalo. Pero una vez más, el sagaz nacionalista vasco les había superado: Otorgando su nihil obstat a una versión supuestamente light del libro en cuestión, convenientemente defendida por la prensa adicta, ponía a la mismísima Conferencia Episcopal en un brete: Desautorizarle a él como Obispo (¡a él! ¡a él nada menos!) o mirar para otro lado y hacer un papelón. Papelón que supondría dejar a los pies de los caballos al Ordinario de Tarazona y a su cartita pastoral.
Solo que las cosas no han sido así. El "Jesús. Aproximación histórica" de Pagola ha sido rotundamente condenado por la CEE a través de su Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fé, que ha publicado una nota en la que no deja títere con cabeza del libro de marras. Claro que estamos hablando de la primera edición, no de la supuestamente corregida a la que Uriarte había otorgado su sello. Pero es que, a decir de los entendidos, el libro es tan incompatible con la doctrina católica que entra dentro de lo muy probable que sea la mismísima Congregación para la Doctrina de la Fé la que deba anular el nihil obstat de Uriarte y su correspondiente imprimatur. ¡Vaya palo para el abertzale!
El Obispo emérito de San Sebastián ha pretendido echarle un pulso a la Conferencia Episcopal Española. Y hacerle un favor a su amigo Pagola. Y todo ello, aprovechando su situación de interinidad episcopal, pues como ya dijimos aquí está a la espera de relevo previo a su retiro definitivo. Pues vaya forma más vergonzosa de irse. Con sus hermanos de Añastro (sede de la CEE) tumbándole de un bofetón y, seguramente, los de Roma pisándole. No puedo alegrarme más.












