EN CARTELERA - EL PERFUME
Como dijo en cierta ocasión un cierto presentador de un programa de televisión "para ir al cine con esta cartelera hay que tener un cociente intelectual negativo". Tras esta frase, totalmente aplicable a día de hoy a la espera del estreno de Apocalypto, no dice mucho en nuestro favor que Ambientologa y yo hallamos visto en tres días dos de los filmes que están hoy en exhibición.
"El Perfume" es una película bien ambientada en la Francia dieciochesca y rodada con fondos, pretensiones y cierto talento, dirigidos a presentar la histioria del protagonista, que no es sino un representante arquetípico de los asesinos en serie. Hasta aquí, todo perfecto. Nada que no intentaran hacer antes "El Club de la Lucha", "El Castigador" o incluso algunas de esas cientos de películas sobre la guerra del Vietnam que suirgieron al calor de "Apocalypse Now". El problema es que el objetivo de "El Perfume" busca, descaradamente, la glorificación de un enfermo mental en toda regla que es presentado al espectador como un elegido impulsado al cumplimiento de una misión sagrada: Sintetizar el amor en un perfume mediante el asesinato y posterior obtención del aroma, de bellas jovencitas. Una voz en off nos va guiando por las diferentes etapas de la vida de tan simpático individuo y se encarga de cuando en cuando de recordarnos los motivos que le llevan a realizar tan edificantes acciones.
El sujeto en cuestión consigue, tras al menos 13 asesinatos, sintetizar la fórmula que ansiaba justo en el momento en el que es rodeado por los alguaciles de la villa en la que había cometido sus tropelías. La escena en la que este sujeto se libra de su ejecución en la plaza pública mediante el sencillo método de destapar su perfume en mitad de la misma y provocando así que la multitud -incluyendo al cardenal, al verdugo, a los guardias y al padre y al prometido de su última víctima- termine clamando su inocencia antes de enredarse en una orgía es simplemente incalificable. Personalmente, me quedé con la impresión de que el rocambolesco argumento de la película no era sino una excusa para filmar esa única escena de desnudo masivo.
Afortunadamente, el protagonista muere al poco de lograr huir del pueblo, sepultado bajo una avalancha de desharrapados en los arrabales de París que se sienten irresistiblemente atraídos hacia el perfume en cuestión. La voz en off no se priva de recordarnos que la muerte accidental del asesino es el único acto que aquella buena gente ha hecho por amor en toda su vida. Es también -y esto no lo dice el narrador- un acto de misericordia del director hacia el sufrido espectador.
"El Perfume" es una película bien ambientada en la Francia dieciochesca y rodada con fondos, pretensiones y cierto talento, dirigidos a presentar la histioria del protagonista, que no es sino un representante arquetípico de los asesinos en serie. Hasta aquí, todo perfecto. Nada que no intentaran hacer antes "El Club de la Lucha", "El Castigador" o incluso algunas de esas cientos de películas sobre la guerra del Vietnam que suirgieron al calor de "Apocalypse Now". El problema es que el objetivo de "El Perfume" busca, descaradamente, la glorificación de un enfermo mental en toda regla que es presentado al espectador como un elegido impulsado al cumplimiento de una misión sagrada: Sintetizar el amor en un perfume mediante el asesinato y posterior obtención del aroma, de bellas jovencitas. Una voz en off nos va guiando por las diferentes etapas de la vida de tan simpático individuo y se encarga de cuando en cuando de recordarnos los motivos que le llevan a realizar tan edificantes acciones.
El sujeto en cuestión consigue, tras al menos 13 asesinatos, sintetizar la fórmula que ansiaba justo en el momento en el que es rodeado por los alguaciles de la villa en la que había cometido sus tropelías. La escena en la que este sujeto se libra de su ejecución en la plaza pública mediante el sencillo método de destapar su perfume en mitad de la misma y provocando así que la multitud -incluyendo al cardenal, al verdugo, a los guardias y al padre y al prometido de su última víctima- termine clamando su inocencia antes de enredarse en una orgía es simplemente incalificable. Personalmente, me quedé con la impresión de que el rocambolesco argumento de la película no era sino una excusa para filmar esa única escena de desnudo masivo.
Afortunadamente, el protagonista muere al poco de lograr huir del pueblo, sepultado bajo una avalancha de desharrapados en los arrabales de París que se sienten irresistiblemente atraídos hacia el perfume en cuestión. La voz en off no se priva de recordarnos que la muerte accidental del asesino es el único acto que aquella buena gente ha hecho por amor en toda su vida. Es también -y esto no lo dice el narrador- un acto de misericordia del director hacia el sufrido espectador.












