domingo, 21 de enero de 2007

NOCHE SIN TREGUA: LA PERSECUCION AL ROL



Este video de David Bravo en Noche Sin Tregua me da la oportunidad de recordar el oscuro periodo de los años que siguieron al que fue conocido en España como el "Crimen del rol".

Yo tenía 13 años y jugaba al rol desde los 8. No era -no creo haberlo sido nunca- particularmente impresionable o exagerado. Ya antes del crimen de Javier Rosado, los juegos de rol habian dado algun problema en el colegio (CEU-Montepríncipe) poruq erequería dados para jugar.

El uso de dados -y de barajas- en el recinto escolar estaba expresamente prohibida por el reglamento, aunque la mayor parte del profesorado hacía la vista gorda... hasta el 30 de Abril de 1994. Requisa de libros, llamadas a los padres y una docena de roleros desfilando por los despachos de los tutores y los profesores de Religión fueron la primera reacción del centro, supongo que instada desde la dirección.

Tengo que decir que la comprendo: Simplemente, no sabían de lo que se trataba "aquel juego" y se curaban en salud. Para los jugadores de rol, todo se reducía a tener cuidado y que no nos pillaran. Casi, casi podía decirse que cuando sacabamos el Dungeons&Dragons estábamos jugando al mismo tiempo una partida en vivo para evitar ser descubiertos, al más puro estilo fanhunter.

El problema vino cuando empezamos a percibir la persecución no sólo fuera del colegio (prensa, TV) sino incluso en las propias tiendas que habían introducido en gran medida el rol en España. Elektra dejó de vender rol de cara al público. Simplemente, sacaron de los escaparates los libros, los dados y las revistas y tenías que acercarte al mostrador expresamente a pedir que te sacaran el material de la trastienda, casi como si estuvieras adquiriendo explosivos o plutonio. En Arte-9 casi no se notó la situación: Simplemente colocaron el rol en el fondo de sus tiendas o en las plantas-sótano de las mismas. La planta sótano de Atlántica, donde se vendía desde siempre el rol, permaneció cerrada durante meses (¿años?) subieron a la planta baja algunos libros testimoniales antes de atreverse a empezar a venderlo regularmente de nuevo. Así estuvieron las cosas hasta casi el año 2000.

Durante el tiempo que seguí en el colegio, hasta terminar COU en el 98, la persecución sobre el rol siguió vigente, aunque atenuada según aparecían nuevos chivos expiatorios: Las cartas Magic, los Tamagotchis y la moda de pegar fuego a los restos de polen cada perimavera.

En la Universidad tuve el gusto de ser alumno del gran psiquiatra García Andrade, uno de los expertos forenses que determinó la locura de Javier Rosado y quien nos explicó con todo lujo de detalles el nivel de transtorno mental del "asesino del rol": Psicopatía, personalidad múltiple (parece que más de treinta) y transtorno disociativo de la identidad.

Cada vez que surge la duda, remito a su libro "Crímenes, mentiras y confidencias". Cierto es que cuando la prensa busca carnaza, poco importan hechos como el que Javier Rosado no jugara al rol más que dos veces en toda su vida. Pero peor es aceptar ser el chivo expiatorio de las cíclicas histerias que se desatan para intentar "salvar" a una juventud que no tiene más problema que la progresiva pérdida de valores en la enseñanza.

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